Entre líneas

José Antonio Hidalgo

"...Tanta opinión"

Esta ciudad protesta desde hace muchos años. Las primeras reconversiones en el astillero llenaron las calles con miles de personas. La calle se ha llenado también en solidaridad con las víctimas del terrorismo, en apoyo a la democracia, en defensa de los derechos laborales...

La ciudad también ha protestado y mucho en el propio Ayuntamiento, delante y dentro del mismo, y más desde que los plenos de la Corporación abrieron un turno para la participación ciudadana tras la llegada al gobierno del Partido Popular.

Ahora la gente sale menos a la calle, por lo menos de forma masiva. Apenas se cuentan por cientos los participantes en las grandes manifestaciones, mientras que se siguen denunciando tras los plenos los mismos problemas que hace dos, cinco o diez años: falta de trabajo, falta de vivienda, petición de ayudas sociales.

Así que, ¿por qué asustan ahora las opiniones? "Tanto Twitter... tanta opinión", decía hace unos días Teófila Martínez en el preámbulo de unas declaraciones sobre los nuevos modos de comunicación que utiliza una parte de la sociedad y que encendió las mal llamadas redes sociales cuando habló de los costes de todos estos sistemas, asumidos sin problemas por quienes al final acaban pidiendo ayudas para comer. (Curiosamente, tanto el Ayuntamiento como la misma Junta socialista se han mostrado siempre reticentes a sacar a la luz pública los casos de quienes se aprovechan de estas ayudas públicas, como aquel que gastó el dinero que le dio la Junta para mantener la casa en una moto para su hijo "porque sus amigos la tienen y él no", como aquella que reclamaba más dinero para que sus pequeños tomasen leche tras reconocer que el fondo ya recibido se lo había gastado en arreglarse los pechos "porque después de tanto niño los tengo caídos", o aquellos que destinan las ayudas para pagarse un alquiler de urgencia en un fin de semana de ensueño en un hotel de cuatro estrella, spa incluido. Tal vez el Ayuntamiento tendría que definir claramente cuáles son las condiciones para recibir la asistencia y social y, a partir de ahí, callarse si ve a una familia con móvil en lugar de con un bocadillo para el pequeño). Una polémica que, curiosamente, se centró en la segunda parte de un comentario obviando la reflexión que sí debería de haber preocupado: "... tanta opinión". ¿Tanta opinión? ¿Es que, si ésta se hace de la forma civilizada, sobra?

No son muy dados los políticos con mando en plaza a aceptar opiniones que van en contra de sus intereses. La historia de cada día está llena de dirigentes de todas las administraciones y de todos los colores políticos, del PP a IU pasando por el PSOE, que trasladan su indignación al oír o leer comentarios negativos a su gestión, cuando es algo que debería de formar parte de su sueldo.

Es cierto que hay opiniones y opiniones. Las hay de quienes sólo buscan trasladar su malestar por algún hecho particular y lo hacen de forma civilizada e incluso constructiva y quienes, por contra, utilizan las presuntas redes sociales para intereses particulares y se sirven de un lenguaje habitualmente insultante contra quienes no piensan como ellos. Son los que no admiten otra forma de ver la vida, y la ciudad, que no sea la suya. "En Cádiz ya nos conocemos todos y sabemos lo que son de verdad", me decía hace unos días un histórico del PSOE, luchador antifranquista. Con todo, mal va encaminado el gobierno de Teófila Martínez si desprecia opiniones de quienes difieren de sus políticas y no aprende de ellas.

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