In memoriam

Fátima Ruiz De Lassaletta

Ha muerto Fernando Terry

04 de diciembre 2009 - 01:00

QUIENES pudieran pensar que los mayores hemos quedado solo para recordar épocas pasadas, habrían de tener en cuenta que lo que verdaderamente recordamos de entonces, con mayor afecto son a las personas de valía que con su trabajo y dedicación empresarial, en el caso del excelentísimo señor don Fernando A. de Terry y Merello, labraron décadas de prosperidad y mantuvieron cientos -cientos he escrito- de puestos de trabajo directo para el bienestar social del sector del brandy y del jerez y para su Zona de producción, a lo largo de la segunda mitad del siglo pasado.

Qué lejos quedan aquellos camiones azules, rotulados en amarillo, cargados de cajas de Brandy Centenario Terry, que eran despedidos jubilosamente por decenas de mujeres que sentadas en sillas bajas a las puertas de sus casas, en El Puerto, tejían la malla de seda dorada que envolvía el preciado brandy que les reportaba unas entradas extras para las economías de sus casas de familia numerosa, cuyo pater familia trabajaba, en muchos casos, en las viñas, en la labor, en el coto, en el embotellado, en el trabajadero o en las cocheras de la Casa Terry. Casi se me representan, en el paisaje de aquel recuerdo, La Guachi, la castiza mariscadora, en su mantón de fiesta, a la que su tío Carlos compraba bocas de la Isla, para los primos, en La Puntilla y se me confunde, en su intemporalidad, con El Papi, de blanco, al que el tío Javier alcanzo a comprarle para los nietos, en un pregón que huele a brisa marinera, sabe a ostión fresco y a Manzanilla Maruja y tiene el color verde del paseo por la Ribera del Guadalete hasta la Puntilla o azul desde la cala de La Colorá hasta Fuentebravía, en ambos casos con el vaporcito Adriano en el horizonte y las banderolas de la Plaza Real batidas por el levante.

Fernando Terry tomó muy joven las riendas, del siete a la larga, de su grupo de empresas familiar y con su titulación del IESE de Barcelona -donde ha fallecido- hizo trotar alegremente el enganche de sus desvelos por toda la península y allende los mares haciendo las Américas con sus brandies y hasta la misma Bristol, con su Sherry, en también fabuloso contrato de suministro, que espurios intereses de la sidra inglesa finalmente se confabularon en contra de su expansión. El hijo primogénito de la Viuda de Terry era un caballero de formación jesuítica y de fina puntería, en su puesto de la vida, en lo que se refiere a la elección y conservación de sus numerosos amigos. Y además un cabeza de familia y de saga, feliz esposo, padre, abuelo y hermano. Y, aunque demasiado pronto se ha ido, es que la Virgen de los Milagros, sus padres, su primo Miguel, Jesús, Salvi, Jaime y otros seres queridos, le estaban esperando arriba.

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