Crónica personal
Pilar Cernuda
Pedro Sánchez de rebajas
HACE muchos años me pasé un verano dedicado a traducir los poemas de Dylan Thomas. De día me sumergía en aquellos poemas en los que "womb" (útero) rimaba una y otra vez con "tomb" (tumba). Por la tarde iba a bañarme a una cala que se llamaba Cala Bràfia. Cuando veía a los bañistas que chapoteaban felices en el agua, me preguntaba si tenían sentido las salmodias de Dylan Thomas, con sus úteros y tumbas que resumían su visión del ciclo de la vida: el útero que era también una tumba que era también un útero que era también… Pero luego llegaba el anochecer, y todo se volvía gris, y desde la terraza del apartamento se oía el canto lúgubre de un alcaraván. Y entonces los poemas de Dylan Thomas volvían a recuperar su sentido. Y los úteros y las tumbas regresaban a su lugar en el ciclo incesante de la vida.
Ayer, al ver las imágenes de Haití tras el terremoto, me acordé de uno de los poemas que traduje aquel verano, y que nunca llegaron a publicarse porque el agente de Dylan Thomas me pidió quinientas libras por los derechos, una cantidad exorbitante. El poema era una especie de oración que Dylan Thomas había compuesto cuando era muy joven. Se llamaba And death shall have no dominion. Lo traduje así: Y la muerte perderá su dominio. En otra traducción, la del profesor Esteban Pujals, se llama Y la muerte no tendrá señorío. Ninguna de las dos opciones, me temo, puede capturar el tono litúrgico del poema ni su majestuosa gravedad.
En Youtube se puede encontrar una grabación de Dylan Thomas recitando ese poema. Lo recita siguiendo una cadencia que sube y baja y va oscilando como un condensador eléctrico. Dylan Thomas quería parecerse a los druidas de la tradición galesa, que lanzaban sus conjuros en un claro del bosque, a medianoche, mientras los habitantes del poblado escuchaban los ensalmos que iban a librarlos del hambre y de las enfermedades. Y la verdad es que Thomas conseguía hipnotizar a sus oyentes, hasta el punto de que se convirtió en lo más parecido a una estrella del rock que ha habido en la poesía del siglo XX. En sus giras de recitales llegó a ganar un dineral, aunque siempre acabó malgastando el dinero en borracheras y pasando apuros económicos.
Copio algunos versos de este poema: "Cuando sus huesos estén roídos, y ni los huesos queden,/ tendrán estrellas en el codo y en el pie;/ aunque se vuelvan locos, conservarán la cordura,/ aunque se hundan en el mar, volverán a levantarse,/ y la muerte perderá su dominio".
No creo que Dylan Thomas supiera dónde está Haití, ni que le importase mucho, sobre todo cuando tenía que reunir las 65 libras que le debía al cartero. Pero nadie podrá negarme que sus palabras fueron escritas para el pueblo de Haití y lo que allí ha sucedido.
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