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La arquitectura efímera es aquella de carácter provisional que se utiliza para engalanar un espacio para una fiesta puntual. Un adorno de quita y pon. En el Corpus, por ejemplo, las calles se embellecen para darle solemnidad a un recorrido concreto, aquel por el que pasará el desfile al que se le pretende dar boato. Y se ponen banderolas, flores, se visten los balcones y se esculpen columnas de mentira como si se tratase del atrezzo de una obra de teatro callejera. Lo efímero es así, rápido, volátil, temporal. En lo provisional está su esencia. No se entendería que los palcos que en Semana Santa se montan en algunos lugares de la carrera oficial se mantuvieran todo el año. Su función es pasajera, fugaz. Sin embargo, acaban de quitar la rampa que daba acceso a la Catedral. Llevaba puesta desde la misma fecha que esos palcos, desde principios de abril, pero se ha mantenido hasta la semana pasada. Ya casi era patrimonio.
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