Notas al margen

Un mono mojado

El honor y la generosidad desaparecieron del tablero político antes de que llegara la pandemia de la mediocridad

Fiel a su tradición cainita, el PSOE de Cádiz se ha hecho el harakiri ante la indiferencia más absoluta. Los tres concejales que han renunciado a sus cargos, con Mara Rodríguez al frente, no han dimitido empujados por la nobleza y el honor. Simplemente perdieron el pulso por el poder y tiraron de la anilla para causar el mayor daño posible tras dar el portazo. Así se entiende la política en plena pandemia de la mediocridad. Pero como dicen los que saben, a los políticos parece que se les olvidó la palabra dignidad justo cuando la capital se juega el ser o no ser y más está necesitada de un proyecto de calado que le dé vida. Su labor, en general, nada tuvo que ver con los principios o unas creencias por las que sí merecería la pena compadecerse. Si estos tres ediles hubiesen cogido la puerta el primer día que la dirección del partido les obligó a votar en contra de sus ideales -como palmeros de Kichi- habrían podido presumir de honra y decencia. Pero la generosidad y el decoro desaparecieron del tablero político hace tiempo. La ambición y el odio les han llevado a un callejón sin salida, y no por su ideología más o menos a la izquierda o la derecha del 'sanchismo'. Fracasaron porque en los partidos ahora pesan más los carnés, la sangre y la estirpe, que la razón y las ideas. Los socialistas más veteranos lamentan que hoy no haya nada más aristocrático y endogámico que el PSOE de Cádiz. Aunque no sólo este partido padece disputas internas entre familias, qué duda cabe. La gran mayoría también sufre cuitas intestinas, pero no llama tanto la atención y no exhibe sus broncas en el rellano de la escalera.

Qué podemos decir del PP y de la perla más valiosa de su cantera, José Manuel Cossi, si casi no le han dejado ni hablar. Antes de que tomara la palabra, le relegaron a un segundo plano y ahí sigue en el cuarto de pensar, esperando una oportunidad que quizá nunca llegue, quién sabe. No hizo falta ni que se posara un foco sobre su cabeza: Cossi sintió en su alma el zarpazo de una vieja guardia herida, justo antes de que le empujaran sin concederle un minuto para saborear el aroma del poder. Tal vez sea el ambiente, porque los amigos de Ciudadanos, igualmente regidos por la casta y los apellidos, también enterraron un proyecto que despertó gran curiosidad en su origen. Fueron bautizados como los Kennedy y se lo llegaron a creer. Nunca se mataron tantísimas posibilidades en tan poco tiempo y ahí está el pobre Domingo Villero como alma en pena, flotando en su burbuja por el espacio exterior. La izquierda liderada por Kichi, la que renegó de sí misma tratando de estrangular a Podemos en su patria chica, tampoco hace prisioneros. Que se lo digan a David Navarro. Claro que en la victoria las cosas se ven diferentes y se perdonan más las faltas. Muchos se preguntan quién podría sustituir al alcalde en su partido si finalmente se apartara de la política en 2023. Si la oposición sigue empeñándose, incluso colocando a un mono mojado de cartel electoral tendrían serias opciones de ganar.

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