La esquina

José / Aguilar

La manta de Bárcenas

29 de junio 2013 - 01:00

NI las fotocopias de sus famosos papeles manuscritos con los ingresos-mordidas de empresarios al PP y los sobresueldos a altos dirigentes del mismo. Ni los movimientos con voluntad de ocultación de sus sabrosas cuentas en el extranjero. Ni las continuas amenazas a la dirección del partido cuyas finanzas manejó durante veinte años. Nada le ha servido a Luis Bárcenas ante el rigor del juez Pablo Ruz: prisión incondicional. A la cárcel con él.

Solamente le queda un recurso. Morir matando. Tirar de la manta para dejar a la intemperie a los líderes que le confiaron la financiación de una organización cada vez más gastosa, que cobraron sin preguntar jamás de dónde procedía el dinero, que le mantuvieron como tesorero y le siguieron pagando cuando en teoría ya le habían echado por el escándalo y que todavía ayer mismo emitían comunicados sin siquiera citarlo por su nombre. Como niños pequeños asustados que creen ahuyentar el peligro con sólo no nombrarlo.

Vale, Bárcenas. Media cúpula del PP teme que el ex tesorero, desesperado, lleve hasta el final un chantaje cuyo objetivo es sencillamente imposible: que el Gobierno presione a jueces y fiscales para que él se vaya de rositas con los 47 millones de euros de su patrimonio a salvo. (La otra media, y casi toda la base, quieren que la Justicia siga actuando). Pero el ventilador de la venganza no le librará a él. Consideren, por ejemplo, que Bárcenas pueda demostrar que muchos empresarios hicieron donativos ilegales a través suyo a cambio de contratas y concesiones institucionales. ¿Qué pasaría si estos empresarios, llamados a declarar, pudieran demostrar a su vez que ellos le daban a Luis Bárcenas mucho más de lo que éste metía en las arcas del partido? Ayer mismo quedó validada judicialmente la famosa grabación en la que el cabecilla de la trama Gürtel, Francisco Correa, se jacta de haber entregado personalmente a Bárcenas -Luis el Cabrón, en su contabilidad tabernaria- 1.000 millones de pesetas.

Esta es la esencia del relato que el juez Ruz ha ido levantando: el ex tesorero del PP no amasó su fortuna comerciando con obras de arte o porque fuera un lince de la Bolsa, sino apropiándose de buena parte del dinero con que se financiaba, legal o ilegalmente, el Partido Popular, convirtiéndolo en valores inmobiliarios y blanqueándolo posteriormente. Salvación no tiene, aunque decida hundir el templo.

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