La hache intercalada

pilar Paz Pasamar

El libro

C ondenado a la desaparición según la mayoría, nadie duda de que la lectura de los textos cambiará de formato entendiendo por aquel el libro de tapas, páginas, prólogo y letra impresa.

Pero ocurre como con los los vehículos, que no es únicamente la carrocería lo que importa, sino también la lectura que ofrecen sus páginas y que podríamos comparar con el motor de los coches.

El libro, desde su primera época en pañales, y colgado de un tendedero -el libro de cordel- y el que hoy se utiliza, digital, según las nuevas tecnologías, había recorrido las etapas medievales en que era miniado con unciales bellísimas gracias a una conventual artesanía.

Existieron aquellos que aún debían soportar una vergonzante confesión en su fe de erratas, ahora los hay de bolsillo, los ilustrados con otras tintas, los que nos llenan de calor las manos desde el prólogo, si lo hubiera, al epílogo, el que nos hace llorar o reír, aquellos a los que necesitamos colocar una opinión personal a lápiz en sus márgenes, los que nos descubren un tiempo concreto con un mismo olor por muy dilatado que haya sido, apartado en un rincón del anaquel, quizás éstos desaparecerán también de nuestro hogar sustituido por el libro reducido y acoplado a nuestro entorno.

Pese a toda metamorfosis, de lo que estamos seguros es de que el libro seguirá existiendo y en consecuencia la lectura que es lo más importante. Como del vehículo la gasolina.

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