La ira de Vox

Hernández no tiene razón ni en el fondo ni en las formas y debería pedir disculpas. Pero el 'parlamentito' no tiene remedio

EN el Antiguo Testamento, la ira de Dios es la respuesta al pecado y la desobediencia del hombre. Esta semana en el Parlamento regional la ira de Vox ha sido reacción a la presunta ofensa de una mujer y la pretendida desobediencia de otra que no quiso dar la palabra al furioso portavoz de la derecha radical. Confieso que me ha sorprendido la indignación de Alejandro Hernández.

Este parlamento de pitiminí hace tiempo que es una caricatura. Fue diseñado para que se reuniese tres meses al año y tacita a tacita tiene sesiones a tiempo completo. Quincenalmente hace una parodia de control en la que los portavoces del Ejecutivo critican y provocan a la oposición y al Gobierno central de signo contrario. Así fue en época de Griñán o Susana Díaz, con la mala sombra del socialista Mario Jiménez y así es ahora con las malas artes del dúo Nieto&Romero, que gastan las mismas marrullerías.

Sorprende lo de Hernández, porque en las dos temporadas que lleva ha sido bastante más educado que los portavoces de PP y Cs. No comparto las cosas que dice, pero hay que reconocerle compostura. Extraña una salida de tono tan mayúscula. El vergonzoso espectáculo no sólo ha sido interrumpir a la oradora en el uso de la palabra y presa de la rabia pronunciar frases ["a la porra… coño… a tomar por culo"] de impotencia porque no le dejaban hablar. En este parlamento de la señorita pepis nose conceden turnos de réplica, lo que anima a la provocación constante.

Moreno alude al voto de Bildu a los Presupuestos del Estado porque no tiene argumentos para defender sus políticas en Andalucía. Susana Díaz contraataca con el apoyo de un Vox franquista a las cuentas andaluzas, porque carece de razonamientos para amparar sus tesis. En teoría todos los elegidos del pueblo tienen la misma dignidad, pero desde los bloques de enfrente se trata a Bildu y a Vox como enemigos. Hernández no quiere que les comparen. Pero los dos son ultranacionalistas y de ideología radical, en el extremo derecho o en el izquierdo. Extremos que se tocan: Vox comparte grupo en el Parlamento Europeo con los independentistas flamencos (N-VA) amigos de Puigdemont. Si no le gusta que les llamen franquistas, Abascal no debería sostener que los gobiernos de la Dictadura fueron mejores que el actual de la democracia española. No tiene razón Hernández ni en el fondo ni en las formas y debería pedir disculpas.

Más difícil es el remedio del parlamentito. Tenemos la peor clase política en 40 años de autonomía. Y ahí están todos, tan contentos, metiéndose el dedo en el ojo unos a otros.

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