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CON la presentación del cartel de la Semana Santa, ha dado comienzo la Cuaresma isleña. La señal gráfica, es la que abre la puerta a toda una serie de actos literarios y musicales que preparan el camino para una llegada muy especial. Es todo un ciclo en el que nuestra ciudad rebosa de cultura religiosa y menos religiosa. Pero este año, tenemos una cuaresma muy especial, rebujada con otros actos no menos especiales, aunque quizás menos cultos. Es una cuaresma con tintes electorales. Son unas elecciones que se mezclaran con olores entre incienso y alcanfor, donde los partidos llevaran a hombros, como cargadores, su particular Pasión y sin duda, esperando también su particular Resurrección. Resurrección que para algunos será el triunfo electoral que le significará una beca que le solucione su particular vida por cuatro años. Por lo tanto, no hay duda de que estas elecciones estarán bendecidas, aunque terrenalmente cada vez se agranda más las distancias entre los políticos y los ciudadanos. Unas elecciones que se celebrarán en un marco muy castigado por la crisis, en un ambiente de crispación en el que los ciudadanos se muestran muy desconfiados de los políticos. Es en definitiva el momento menos adecuado para unos comicios locales, donde qué duda cabe, la situación política general del país va a influir en el voto local. Y algunos lo va a utilizar como argumento descalificador y ventajoso. Y en este espacio especialmente cuaresmal, la política tratara de abrirse camino y de utilizar el escaparate semanasantero que le pueda dar algunos votos. Todos olerán el incienso y se encomendaran a nuestros Cristos y Vírgenes en una conversión interesada y quizás no interesada, pero de una manera muy respetuosa. Lo más importantes es que estos olores de incienso, alcanfor y azahar, agiten la sesera de los partidos y hagan un programa pensado para solucionar la vida de los ciudadanos. Estamos en un momento en el que hay muchas familias que pasan verdadera dificultad para sobrevivir. Hay muchas familias en paro, carencias esenciales. No es el momento de grandes obras sin sentido, de grandes proyectos llamativos que luego no pueden mantenerse. No es el momento del gasto inútil. Ha llegado la hora de saber administrar los recursos públicos. Es necesario que los programas electorales reflejen la nueva situación económica por la que tienen que regirse los ayuntamientos. Los programas electorales tienen que contener forzosamente medidas que ayuden a paliar las necesidades de las familias en paro. Los programas electorales tienen que contener forzosamente medidas que ayuden a las pequeñas y medianas empresas a salir de la crisis, que son las que crean trabajo. Y contar forzosamente con medidas que ayuden a los pequeños empresarios artesanos, los que están empezando, a consolidar en nuestra ciudad una industria alrededor de la Semana Santa. Aquí hay, existe, un buen caldo de cultivo empresarial, pero necesitan ayuda de la administración. A lo mejor, al celebrarse estas elecciones en un espacio cuaresmal, los programas se puedan ver reflejados de un toque espiritual y por una vez, los partidos y los ciudadanos caminen por el mismo camino. Y no hay que olvidarse que los problemas sociales hoy en día son más importantes que los boquetes que puedan tener las calles. Por consiguiente, que el olor espiritual de los cirios y velas impregnen las mentes de los políticos o candidatos, muy fragmentados estas elecciones y por fin nuestra ciudad se vea bendecida por políticos ilustrados que no es lo mismo que universitarios.
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