Su propio afán

Los grilletes abiertos

Los prejuicios políticos no son buenos, pero es estupendo el alivio de quitárselos de encima

Asócrates, una de sus ideas más gozosas, se le ocurre cuando se quita las cadenas de las muñecas. Con el alivio, se le esponja el alma. Suspira de gusto y reflexiona: "Qué raro, porque, si no me hubiesen puesto estas esposas injustas no habría sentido tal placer". Pasa a menudo. Nuestras felicidades derivan directamente de habernos librado de una injusticia, de un castigo o de una enfermedad.

¿Se han fijado en cómo celebramos ahora -¡tan contentos todos!- que seamos capaces no sólo de saludarnos, sino también de charlar, e incluso de entendernos, y hasta de divertirnos con personas de ideología política distinta? Dado el nivel de politización de nuestra sociedad, se habrán fijado.

Lo que tiene mucho de aquellas cadenas socráticas. Nos sorprende y reconforta encontrarnos en la gloria con los rivales políticos porque nos han echado encima los pesados grilletes de una politización absolutista y malencarada.

En buena ley, no debería extrañarnos tanto. ¿O es que acaso hacemos aspavientos por estar pasando una tarde agradable con alguien, aunque sea del FC Barcelona? Uno es del Cádiz, pero le parecen perfectamente simpáticos incluso los del Betis, sin ponerse medallas por ello. Tampoco pasa con los gustos literarios, con la tortilla de patatas o con cebolla o sin ella, etc. Las diferencias jamás nos parecen insalvables, ni siquiera las religiosas o ateas; y eso que éstas sí que son trascendentes.

Sólo las políticas resultan absolutas o, por usar una palabra de resonancias más exactas, totalitarias. Esto no augura nada bueno (nada más con que caigamos en la cuenta ya se justificará este artículo).

A partir de aquí entra Sócrates en juego. Los prejuicios políticos no son buenos, no, como no lo eran los grilletes, pero sí es estupenda la alegría del alivio. Esos reparos no ayudan a crear una sociedad más abierta y democrática; pero, si nos valen al menos para que nos echemos unas risas a cuenta de la sorpresa de lo simpático que puede resultar un carca (señalándome), bien están los tópicos. Naturalmente, son de ida y vuelta, que yo también señalo y me hago el sorprendido de ver a un izquierdista conversable (¡ea!). Hay que estar siempre con estos versos de Marisa Martínez Pérsico: «La paz/ no debiera ser completa/ mientras cueste el silencio/ de los otros». El prejuicio en contra es pesado y peligroso. Lo bueno es que el placer de quitárnoslo de encima no nos lo quita nadie.

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