El Palillero

Las franjas horarias

Nos hacemos la ilusión de que ya vivimos igual que antes, cuando había una democracia sin mando único

Gracias a la desescalada, que ha tardado tanto, algunas pamplinas están pasando a la historia. Por ejemplo, las franjas horarias. Ha sido una de las ventajas en la fase 2. Las grandes ciudades, las pequeñas y las medianas tienen ya la misma consideración que los pueblecitos como Villaluenga o El Gastor, donde se conocen todos. Gracias a lo buenos que son Pedro Sánchez, Pablo Iglesias, Salvador Illa y Fernando Simón, los cuatro jinetes del coronavirus, la gente ya puede salir a pasear y a correr cuando se le antoje. Y los niños pueden salir con el padre y con la madre (o quienes sean que los acompañen) cuando les parezca oportuno. Es decir, nos hacemos la ilusión de que ya vivimos igual que antes, cuando había una democracia sin mando único. Aunque con mascarillas, no olvidarse de las mascarillas.

En las franjas horarias aún quedaba una excepcionalidad: el horario de los mayores de 70 años, que en teoría se debía respetar de 10 a 12 horas por las mañanas, y de 19 a 20 horas por las tardes. Se suponía que esos horarios debían reservarse para ellos. Pero como esas personas apenas han sido respetadas en ningún momento de la pandemia, tampoco se ha preocupado nadie por ese detalle al final. Así que los mayores también salen cuando pueden y no miran el reloj.

Con los horarios hubo sus más y sus menos, porque algunas decisiones eran absurdas. Más propias de Bruselas que de Andalucía. La Junta intentó modificarlo. Como está sucediendo con casi todas sus propuestas, en la cogobernanza del mando único, a la Junta no le hicieron ni el más puñetero caso. Así que el cambio de las franjas fue como lo de Granada, como si nada, o como lo de Málaga, a la que han fastidiado dentro de la campaña para fomentar el turismo extranjero en Baleares y Canarias.

Parecía que las franjas formaban parte del catálogo de medidas sadomaso. Si no hacía falta respetarlas para ir al supermercado del confinamiento, ya me dirán. Yo no he visto a ningún guardia multando por las franjas horarias. Sin embargo, es cierto que la gente las respetaba para correr. Entre otras cuestiones porque son pocos los frikis que se atreven a correr a las cuatro de la tarde. Y el mando único tuvo la gentileza de destinar las horas frescas a los paseos, las carreritas y las bicicletas. A cambio de fastidiar a los mayores y a los niños.

Desde hace algunos días, Cádiz se va pareciendo un poco más a lo que fue. La capital de la alegría. Porque la gente pasea cuando se le apetece. O sea, todo el mundo a las mismas horas y por los mismos sitios.

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