Una de las cajeras del supermercado al que a veces voy tiene que hacer encaje de bolillos para, sin pedir reducción de jornada, cumplir los horarios extenuantes a cambio de un sueldo por debajo del salario mínimo actual (ahora no sé). Fue de joven mujer maltratada, es madre soltera y está sacando adelante a su hijo con todo el coraje del mundo. No tengo ni idea de lo que opinará del duelo a garrotazos entre viejo feminismo y nuevo feminismo o lo que sea que se está dirimiendo. Tampoco sé muy bien si sabe qué es la filosofía queer, el conflicto trans o los mandobles que se pegan en las redes las unas y las otras. Ella es una mujer trabajadora, muy trabajadora, que es de lo que va el 8-M y entiendo que es su día, el suyo y el de miles de mujeres que se dejan la piel en su curro. También de las que no se lo pueden dejar porque su índice de paro siempre es más alto que el de los hombres. Si hay más feminismos, no creo que los conozca ni le interesen.

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