Columna vertebral

Ana Sofía Pérez / Bustamante

El eje tridimensional

23 de septiembre 2008 - 01:00

HACÍA tiempo que se no veía una exposición como la de Henri Cartier-Bresson en el Castillo de Santa Catalina. Yves Bonnefoy se admiraba de que el fotógrafo francés estuviese siempre donde sucedían las cosas, pero luego se dio cuenta de que la realidad era un producto de su mirada lírica. Para C.-B., "fotografiar es reconocer un hecho y organizar rigurosamente las formas visualmente percibidas que expresan y significan este hecho. Colocar la cabeza, el corazón y el ojo en la misma línea de visión". Sí. La incineración de Gandhi no es un catafalco rodeado de túnicas azafrán, sino una multitud de cabezas sobre las que emerge un arbolillo raquítico cuyas ramas parecen peligrar bajo el peso de los indios encaramados. La coronación de Jorge VI no es un guante que saluda desde una carroza, sino una hilera de espectadores típicamente británicos (vulgares con un punto estrafalario) sentados con las piernas colgando en un murete a cuyo pie, entre papeles, duerme la mona, beatíficamente espatarrado, otro súbdito de Su Graciosa Majestad. Madrid 1933 es un edificio ruinoso entre cuyos escombros juegan niños sin y con muletas. Grecia es una casita modesta con un falso segundo piso: pura fachada con dos cariátides; la foto está tomada en el momento en que pasan por delante dos viejas vestidas de negro. África son unos ojos que agonizan sobre un pequeño costillar que parece reflejarse en los radios de las ruedas de una carreta de bueyes. Simetría, soledad, belleza y dolor. Me pregunto cómo vería hoy Cartier-Bresson los ninguneados juegos paralímpicos, las elecciones presidenciales de USA, lo que pasa en Bolivia más allá de las peligrosas machadas de Chávez. A la memoria de Henri van tres instantes tridimensionales (ojo, cabeza, corazón) del 2008. Cádiz: Reme recorta los billetes que ha fotocopiado para que su madre, que todo lo pierde en su desmemoria senil, no sufra por falta de dinero. Madrid: entre nubes de tabaco la joven Mei juega a la play con su vecina, la señora viuda de Chen, tan necesitada de compañía. Túnez: Gabriel pide en la recepción del hotel donde pasa su luna de miel una llave inglesa para arreglar los grifos del baño. (Gabriel lo arregla todo. No es hombre de quejarse).

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