Un discurso injurioso que se repite

25 de marzo 2010 - 01:00

LA presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, que suele ir por libre y poner en aprietos a la dirección nacional de su partido, ha vuelto a echar mano de los tópicos más manidos e infamantes contra Andalucía y los andaluces. En referencia a la decisión del Gobierno de reducir el número de peonadas realizadas por los trabajadores del campo para tener derecho al cobro del subsidio de desempleo agrario, Aguirre ha acusado a Zapatero de "utilizar el dinero de los contribuyentes para dar pitas, pitas, pitas ... La gente de campo sabe a lo que me refiero". El hecho de que esta medida temporal, solicitada por empresarios y sindicatos, obedezca a la necesidad de paliar las consecuencias sociales de la pérdida de cinco millones de jornales en el campo a causa de las lluvias de los últimos tres meses no ha sido suficiente para que la presidenta madrileña refrenase la expresión de sus prejuicios, aunque la polémica subsiguiente le condujera ya por la tarde a tratar de matizar inútilmente sus palabras. Y no lo fue porque esta consideración -desconsideración, más bien- hacia los andaluces hunde sus raíces en los genes ideológicos de un sector, ya escaso, pero ruidoso e influyente, de la derecha, que permanece inasequible al hecho de que Andalucía es una comunidad plural y compleja, cuya diversidad y riqueza no se puede reducir a la salmodia de tópicos sobre el sol, las fiestas y la indolencia. Ya lo hicieron antes otros personajes del PP, como Ana Mato y Juan Carlos Aparicio, siempre en la línea de descalificar a los andaluces por su supuesta servidumbre al poder político a causa del hábito de la subvención y la ayuda. Se podría definir como el síndrome del voto cautivo: la idea peregrina de que el cambio político en Andalucía no es posible porque los ciudadanos no votan libremente, sino mediatizados por políticas sociales demagógicas puestas en práctica por los socialistas durante treinta años de hegemonía. Precisamente los que tienen en sus manos la posibilidad de dicho cambio, con Javier Arenas en primer lugar, debían ser los más interesados en rechazar públicamente estos insultos y defender el buen nombre de Andalucía.

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