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La devoración

Ahí tienen ustedes al PSE -"¡Que viene la derecha!", ¿recuerdan?-, pactando con el PNV

Lentamente, con la dedicación homicida de un ofidio, el PSOE va fagocitando los restos del galeón podemita. Un galeón, todavía a flote, pero cuya deriva parece conducirlo a un vasto y fenomenal naufragio. Para conseguir tal fin, don Pedro Sánchez no ha utilizado la daga de la invectiva y el descrédito. Y tampoco esa malvada benevolencia del amigo distante y obsequioso. Digamos que don Pedro Sánchez, acudiendo a los clásicos, ha utilizado a Larra y su "Vuelva usted mañana" para mantener a don Pablo en una fatigosa itinerancia, ora aquí, ora acullá, ora en Zarzuela, ora donde usted diga, don Pedro, y así hasta que la extenuación venza el empuje intrépido del candidato a ministro.

La política es un arte mayor, lindero con el homicidio (simbólico), en el que los prisioneros, caso de existir, es mejor que vengan ya embalados y un poco muertos (también simbólicamente). Don Pedro Sánchez podría haber escogido una vía más rápida para decirle a don Pablo Iglesias que no quiere formar Gobierno con él. Pero, claro, si se lo dice de golpe, entonces no habría lugar para este fúnebre trasiego donde don Pablo se muestra educado y un tanto servil, en aras de un Gobierno de progreso, mientras que don Pedro, la vista puesta en el horizonte, cualquier horizonte, pero lejano y tenue y vaporoso, humilla como sin querer a su adversario. Porque el adversario del PSOE -y esto tendría que haberlo aprendido don Pablo en la facultad, caso de que no lo sepa-, el verdadero adversario del PSOE es Podemos, mientras que el resto de partidos, incluido Vox, son, sencillamente, la leal y utilísima oposición, a quien se demoniza o halaga a conveniencia. Ahí tienen ustedes al PSE -"¡Que viene la derecha!", ¿recuerdan?-, pactando alcaldías y diputaciones con el PNV. O sea, con la derecha más carpetovetónica, y dulcemente decimonónica, de España. Y ahí puede verse al PSN, buscando ¡con Geroa Bai! un gobierno de izquierdas para Navarra. Lo cual equivale, sobre poco más o menos, a pedirle al señor Ortega Smith que nos cante La Internacional, sottovoce y con la mirada trémula de los amantes.

Cabe la posibilidad, no obstante, de que Podemos entre en un Gobierno del PSOE con algún Ministerio. Pero esto, que no es lo que quiere el PSOE, podría verse también como la última acomodación, como una claudicación solemne y definitiva de don Pablo Iglesias, "cautivo y desarmado" ante esa casta que tanto deploró, cuando era joven y libre de ataduras.

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