Confabulario
Manuel Gregorio González
Un viejo principio
Una vez fue un grupo de españoles de visita al Reino Unido y al ver una amplia pradera de hierba en magnífico estado preguntaron cómo lo hacía: es muy fácil , contestaron, se corta y se riega durante 500 años. Martín Vila, el Kichi o cualquier mente calenturienta del Ayuntamiento debió pensar que iba a conseguir tener una pradera de césped en la Plaza de España donde podrían jugar los niños y sentarse los jóvenes, como alguna de esas imágenes recurrentes del norte de Europa. Como el sueño de la razón produce monstruos, que dejó señalado Goya, al final lo que han conseguido es un estercolero de caca de perro donde los niños se llenan de mierda. La idea de la reforma global de la Plaza de España era maravillosa: quitar coches del espacio público y cedérselo a los ciudadanos. Se eliminaron las vallas que protegían el jardín en esa idea romántica. El resultado lo puede comprobar cualquiera. La obra, no se sabe el motivo, lleva un año terminada sin que el Ayuntamiento haya procedido a la recepción. Ya hay camiones hundiendo losas y adoquines, coches en todas direcciones y, lo que es más importante, se ha convertido en un retrete para perros. Los dueños de los perritos llegan, les quitan la correa y los dejan correr. Los animales, que no tienen culpa de nada, hacen sus necesidades en cualquier lugar. Los dueños, unos incívicos, se van tranquilos para casa tras haber dejado los restos de su mascota sobre el césped. Si uno viaja un poco podrá observar que casi todas las ciudades están más limpias que Cádiz, por mucha propaganda que haga el Teru y el chanismo. El motivo principal son los perros y la mala educación de los vecinos, todo junto. Cádiz es una ciudad sucia, llena de pringue, con churretones por todos lados. El Teru mandó limpiar la Alameda un día y desde entonces acumula la mierda de costumbre. Ha debido volver a dedicarle el tiempo a su propia empresa en detrimento de las tareas municipales. Antes los coches eran un obstáculo para los dueños de los perros, ahora es Jauja. Total, si la limpieza la pagamos todos ya que no existe una tasa por la tenencia de animales.
Nada se sabe de aquella “fuente seca”, un oxímoron inexplicable que se iba a colocar delante de la Diputación. Un artilugio extraño. Alguien me dijo que eran los chorritos esos que salían de vez en cuando del pavimento, con lo cual la fuente no sería seca, así que será otra cosa. Un misterio profundo digno de que Serrano Cueto lo incluya en las leyendas y misterios de la ciudad de Cádiz. De paso a ver si conseguimos enterarnos el motivo por el cual no se ha producido la recepción de la obra antes de que los camiones se la terminen de cargar. Atentos.
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