La esquina

josé / aguilar

El cupo no es intocable

SUSANA Díaz ha hablado esta semana de la necesidad de "modular" el cupo vasco, que es la cantidad que el País Vasco, y también Navarra, entregan a la Administración central como aportación vasca a los servicios generales que presta el Estado. Pedro Sánchez, su compañero y jefe, ha replicado que los socialistas se sienten cómodos y a gusto con el concierto y con el cupo vascos.

No puedo estar más de acuerdo con la presidenta de la Junta. Aquí no se trata de sentirse cómodos y a gusto -que muchos socialistas no lo están, como acaba de manifestarse en varias comunidades-, sino de que el sistema de financiación autonómica responda a los principios de igualdad y solidaridad que consagra la Constitución. Eso implica que ningún territorio disfrute de una financiación privilegiada.

El País Vasco, y también Navarra, la disfrutan. El concierto consiste en que el gobierno autonómico recauda todos los impuestos en su territorio y abona al Estado la parte que corresponda a las competencias que éste sigue conservando. Vale, este régimen fiscal singular está igualmente consagrado en la Constitución, que lo ampara y protege como reconocimiento de los derechos forales históricos.

El asunto es: ¿cuánto ha de pagar Euskadi al Estado? Para eso está el cupo, para concretar la contribución del País Vasco a la caja común. Se calcula según el porcentaje de gasto por las competencias no transferidas. Este porcentaje no varía desde los años ochenta, a pesar de que el peso de la economía vasca en el conjunto nacional ha aumentado desde entonces. Muchos pensamos que es un territorio con ciudadanos más ricos y empresas más florecientes que la media española y que, a tenor de ello, el cupo que transfieren ahora a la Hacienda española es claramente bajo.

Naturalmente, "modular" el cupo, como propone Susana Díaz, no gusta nada a los gobernantes vascos, que lo consideran una línea roja infranqueable en la relación Euskadi-España (repetimos: la única línea roja es el concierto... mientras no se cambie la Constitución). Tampoco gusta a los socialistas de allí, ni a Pedro Sánchez, que hace cálculos sobre los diputados que el PNV pueda tener en el próximo Congreso y lo bien que le podrían venir a él como candidato a presidente. Pero es de justicia y de sentido común.

Susana no impugna el fuero (concierto), aunque quizás debiera impugnarse en un futuro no lejano, sino el huevo (cupo).

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