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Opinión de Soco López para 'Diario del Carnaval': El ritmo de la caverna
EL palomo buchón de azotea y el gorrión de patinillo han perdido en Cádiz el monopolio del espacio aéreo. ¿No han visto ustedes los árboles de la ciudad repletos de cotorras argentinas? Si es que no podemos ser más iberoamericanos. De Argentina, que rima con Filipinas, de donde eran las cotorritas que trajo Ramón Díaz 'Fletilla' en 1965. No podían ser loros o periquitos. Tenían que ser cotorras, un término muy de aquí. Usado para definir tanto a las marías que le dan al pico y critican a las vecinas como al órgano sexual masculino. Ya saben por aquel cuplé que hablaba de una epidemia entre los pájaros que "el pobre Perico perdió la cabeza cuando vio el pobre hombre que su cotorra se quedó tiesa". Leía ayer en un periódico nacional que la presencia de estas cotorras argentinas se ha convertido en una plaga en toda España. Aquí, de momento, no molestan, pero asustan a las palomas poniendo cara de Mascherano enfadao.
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