La cola de La Caleta

La neverita, la sombrilla, la silla plegable, las toallas, los niños... todo lo que Cádiz se llevaa su playa más doméstica

El que calla, vence. Lo dice el viejo refrán castellano. Y lo cierto es que entre el vocerío hay elocuentes silencios. El refranero tiene lo uno y lo otro, esto y lo contrario. Mira quién fue a hablar, se dice. Cuando habla, sube el pan. También se dice. Camino por la memoria, no estoy buscando la colección de dichos, el sedimento de los prontuarios de la sabiduría de la experiencia popular. Porque sé de lo que no quiero hablar. En realidad estoy luchando conmigo mismo. Porque quisiera hablar de lo que ocurre con el Obispo Zornoza, y de lo que ocurre con don Juan Carlos de Borbón. Cosas distintas, ya lo sabes. Pero que invitan, ya lo creo que invitan. No lo voy a hacer, hoy no. Tanto lo uno como lo otro tendrán mucho recorrido, veremos al Obispo acudir a los Juzgados a declarar y, si así lo decide el Juez, irá a Juicio público. El padre del Rey no ha dicho esta boca es mía pero está viendo cómo se le da un protagonismo enorme a la Señora Tal y algún ególatra rellena huecos y huecos con la verdad unilateral, sin juzgar ni sentenciar, que puede que sea mentira. La 'verdad' que procede de las grabaciones de un presunto corrupto que está en prisión por delitos muy graves y un entramado raro-raro que más parece una extorsión al Estado que otra cosa. Mejor detenerse en la cola insólita de gaditanos para entrar en la Caleta, lo nunca visto. La vida sigue. La neverita, la sombrilla, la silla plegable, las toallas, los niños, todo lo que Cádiz se lleva a su playa más doméstica. Porque la pandemia no descansa. Tanto es así que en algunos sitios la tentación ha vuelto. De encerrarnos en las casas, como estos tres meses pasados. En la ecuación economía o vida se elegirá la vida, inevitablemente. La economía que se la agencie en Bruselas el presidente Sánchez, que tiene la obligación. Y el camino central de muchos que viven como si no fuera con ellos, como si estuvieran vacunados con todas las vacunas salvo la de la estupidez. Y este calor, claro, este calor. Siempre es lo mismo: parece que va a saltar levante, calorón; salta el levante, calorón. Con un poco de suerte acude el poniente cuando ya no podemos más. Así son los veranos en Cádiz. Y esta normalidad sería lo mejor si algunos y algunas no se aliaran para quitarnos el sosiego, la paz y el descanso. ¿A grandes males, grandes remedios? ¿A la cama no te irás sin saber una cosa más? A mal tiempo buena cara, no lo dudes.

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