Gafas de cerca
Tacho Rufino
Trump, con un par
EN sus buenos tiempos, a Jordi Pujol como presidente de la Generalitat de Cataluña había que llamarle forzosamente honorable. Era el tratamiento obligado, pese a que ya por entonces mantenía una fortuna, junto a su familia, en un paraíso fiscal, él, que ha vivido de declaraciones de amor a su país catalán. El muy honorable no estaba dispuesto a compartir la jugosa herencia que le dejó su padre con ninguno de sus compatriotas, ni siquiera en la obligada forma de impuestos. Mientras, durante todos esos años, exigía a sus ciudadanos que se retrataran ante la ventanilla tributaria. Ahora, sigue siendo presidente de honor de su partido, el mismo que se niega a hablar del asunto diciendo que se trata de un "asunto personal". Pues ya sabemos qué clase de persona es. Suponemos que después de esto, Pujol no se atreverá a hablar más de balanzas fiscales.
También te puede interesar
Gafas de cerca
Tacho Rufino
Trump, con un par
Crónica personal
Pilar Cernuda
Pedro Sánchez de rebajas
Postrimerías
Ignacio F. Garmendia
Marienbad
El pinsapar
Enrique Montiel
Cerrar el grifo
Lo último