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En el recinto ferial, cada vez demandan más espacio e importancia las atracciones de feria, antes llamadas cacharritos para los más pequeños o aparatos para los mayores, no solo ha aumentado su número, sino también su espectacularidad, seguridad y desarrollo tecnológico.
No hace tanto tiempo en que los cacharros eran tan solo unos cuantos: las cunitas, las barquillas, los caballitos, el carrusel "de las patadas" y el motor que los movía era siempre el empuje humano. Montarse en las barquillas no solía ser un paseo sino un enorme esfuerzo pues, a los cinco minutos estabas sudando la gota gorda pretendiendo dar la vuelta entera, poniendo la barquilla boca abajo y, el darse una vueltita en los caballitos o en las cunitas significaba el esfuerzo de otros, casi siempre niños, que empujando y corriendo conseguían hacer girar una plataforma donde estaban unos caballitos de madera la mayoría de las veces preciosamente pintados con colores chillones.
Los primeros que se movían a motor eran los caballitos "pa arriba y pa abajo", la ola (había que conseguir darle un manotazo a aquel balón que no se porqué colgaba del techo) y el carrusel "de las patás", los movimientos circulares se conseguían con poleas y correas de transmisión de cuero y no era raro que de cuando en cuando tuviera alguna avería. Lo divertido del carrusel (aquél de asientos metálicos con cadenas enganchadas arriba al elemento móvil) era conseguir impulsar al de delante casi siempre con las piernas en una actuación, no exenta de peligro.
En los parques de feria de hoy, tan sólo conocer todos los nombres de las diferentes instalaciones es ya casi imposible. La imaginación y las nuevas tecnologías han hecho de estas atracciones, además de un variopinto y agradable espacio, una gran industria. Nombres como el "Barco Pirata", el "Máster Saltamontes", el "Aerobaby Infantil", "El Martillo", el "Barco Vikingo" y tantos otros, tienen detrás de ellos importantes, cuidados y costosos proyectos técnicos en los que los equipamientos mecánicos, hidráulicos, neumáticos, eléctricos o electrónicos son fruto de esmerado estudio y pruebas de laboratorio y en todo caso cada atracción, además de un proyecto de instalación muy bien definido debe de poseer: Seguro Obligatorio de Responsabilidad Civil, Certificado de Seguridad y Solidez y Certificado de Revisión Anual.
Cada vez el feriante está sometido a más controles que no solo tienden a la seguridad de los usuarios sino también a las labores de mantenimiento de los aparatos y prevención de riesgos laborales del personal trabajador.
Hoy, cada atracción tiene detrás a grandes profesionales que, unidos en importantes Asociaciones se organizan para garantizar en la medida de lo posible, el futuro de una profesión y una industria importante. Lejos quedan ya aquellas subastas de terrenos tenebrosas y aparentes, aquellas peleas incluso familiares y aquel dormir debajo de una caseta de turrón en un colchón, con lluvia y viento, o no saber que hacer con la educación de los hijos, mientras se tenían que desplazar de feria en feria durante largas temporadas.
Yo, que he visto como vivían estas personas, me alegro de que su esfuerzo y el progreso de los últimos años les haya favorecido y ayudado a poder seguir siendo nómadas y grandes profesionales, personas que año a año hacen posible el que los demás podamos divertirnos, sobre todo la chiquillería, que como a mi les dejará recuerdos imborrables, para siempre.
Y hoy rematamos, deseándoos que cuando retumbe el último cohete de la sesión de fuegos artificiales y demos por concluida la feria de 2010, haya sido aunque fresquita, una buena feria para todos.
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