Crónica personal
Pilar Cernuda
Pedro Sánchez de rebajas
Hace un tiempo pensé escribir una columna sobre la edad y, como acostumbro, inventé primero el título que la encabezaría y que aparece arriba. Pero ahí quedó la cosa, ya que, si bien en más de una ocasión he reflexionado sobre la vejez en mis artículos, ese pretendido trabajo sólo consiguió el nombre de lo que no fue. Sin embargo, esta misma semana, resulta que mi buen amigo José Antonio Gutiérrez Somoscarrera, (conocido como El Guti), médico ejemplar y muy querido, ha presentado su nuevo libro 'Envejecer en Cádiz' (editado por Absalón Ediciones, que dirige Jesús Mª Lebrero), consiguiendo con ello convalidar honrosamente mi rótulo, pues la "andropausia" se define por la RAE como el "climaterio" masculino y explicándose lo de los "zarpazos" con sólo determinar aquél, que consiste en el "período de la vida que precede y sigue a la extinción de la función genital". Pero volvamos al libro y sus fastos.
La presentación fue originalísima, pícara y traviesa, y a pesar de tener lugar en el tan serio Salón de Plenos del Ayuntamiento gaditano, Pepe lo transformó en un local cálido y abarrotado de público de los más diversos sectores sociales, introduciendo discursos cómicos y diálogos chispeantes, con toques carnavalescos, incluyendo una burlesca chirigota. En síntesis, una manera encantadora de enseñar a envejecer en esta ciudad, y así lo reafirma uno de sus prologuistas, justamente el ex alcalde Carlos Díaz: "Cádiz es una ciudad donde jubilados y ancianos representan la mitad de sus habitantes", lo que, habida cuenta de la antigüedad de la villa, "invita a envejecer con clase, a valorar y saborear el último periplo de nuestra vida, cada vez más larga, por fortuna".
El ensayo se inicia con un utilísimo resumen de lo que representa Cádiz y su historia, describiendo luego las razones de su encanto y del enamoramiento de los que la eligen como destino definitivo, cerrándolo con algunas citas de filósofos e intelectuales sobre la vejez, además de un poema de Teresa de Calcuta. La obra continúa con breves entrevistas a diferentes gaditanos de origen y de adopción, de las que se desprende espontaneidad y mucho decoro, amén de atinados consejos médicos.
Siempre recuerdo un pensamiento de Bernard Baruch sobre esa senilidad tan vilipendiada a veces por una juventud inconsciente de un futuro inevitable: "Nunca seré un hombre viejo, porque, en mi opinión, la vejez es siempre quince años mayor que yo".
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