Confabulario
Manuel Gregorio González
Un viejo principio
EL yoyó es un juguete cuyo origen se remonta a más de 3.000 años de antigüedad (como la ciudad de Cádiz), en los albores de la cultura China. Su nombre proviene del tagalo, una antigua lengua indonesia.
Realmente el nombre es acertado, porque el juego consiste en hacer subir y bajar una pieza a lo largo de una cuerda a la que está atada. Es decir, la pieza sale de una persona, el yo, y vuelve al final a la misma persona, también yo. Un juego que va de yo a yo es lógico que se llame yoyó. El juego es popular, y de mantenerlo así se encargan instituciones como la AYYA (American Yoyo Association) y otras muchas distribuidas en distintos países.
También existen las dietas alimenticias con efecto yoyó, en las que se pierde peso pero se recupera pronto. Es decir, el peso se aleja momentáneamente de la persona, yo, para volver a ella, yoyó.
Quizás una de las contribuciones que el Cádiz haya hecho a la teoría económica mundial sea la creación de las ventas yoyó. Es lo que ocurrió cuando se vendió el club a Baldasano. El equipo salió de las manos de su propietario para volver en unos meses a él mismo, creando un claro ejemplo de sistema de ventas yoyó.
En esta ocasión, el actual grupo inversor que es dueño del Cádiz debe afrontar unos pagos en unos plazos establecidos, o volverá a tener lugar el efecto yoyó de la venta. Con otra posición del equipo amarillo en la tabla clasificatoria quedaría más claro que la venta no tendría retorno.
Pero aunque entrenadores, jugadores o directivos vayan y vengan del club, la afición siempre está ahí, y eso es lo importante. Cuando se pregunta ¿quién defiende al Cádiz?, la afición siempre responde: "yo, yo". Vaya, éste sería un concepto diferente, ¿seremos algún tipo de afición yoyó?
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