DIARIO DE CÁDIZ En la batalla del coronavirus: mantenemos nuestra cita en los quioscos con despliegue informativo sobre la pandemia

Soñé el otro día con Vox, lo juro. Vox no era un partido, ni aparecía Abascal ni el otro señor alto. Vox era un ente. Y tampoco me lanzaba mensajes de ningún tipo. Sólo decía como un fantasma: "Soy Vox, sooooy vooooxxx". Daba mucho miedo y no era culpa de Vox sino del empacho navideño de conversaciones de Vox. De tanto escuchar Vox, de tanto ver Vox en los grupos de guasap, de tanto hablar mi suegra y mi madre de Vox, de tanto todo ello, mi subconsciente diseñó en 3-D ese espíritu agobiante de un malvado de Dickens, un partido convertido en espíritu de una película de terror coreana. Desperté y dije no quiero que nadie me diga la palabra Vox en una semana por lo menos, afecta a mi tensión. Pero enciendes la radio, lees a los columnistas, enchufas la tele, te tomas una caña... todo el mundo quiere debatir sobre Vox, los proVox, los antiVox, los nomeimportaVox. ¡Basta! ¡Dadme paz! Hablad de fútbol, joder.

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