El pinsapar

Viene el Rey

La ministra Montero puede llevarse la sorpresa de la cantidad de españoles agradecidos a su reinado

Ayer a las 7:15 de la mañana, España supo que venía El Rey. Lo dijo en Onda Cero Fernando Ónega. En primicia. Ya luego todas las emisoras lo fueron repitiendo como con tañido de campanas de catedral. Y que -añadió- sería recibido por el Rey. Esto de Rey recibe a Rey tiene, siempre ha tenido, una solución idiomática muy sencilla: El Rey Felipe IV recibe al Rey Juan Carlos I. Ocurre, sin embargo, que la propia Casa Real dio un arma fatal al anti monarquismo tradicional de la Izquierda y al secesionismo inveterado. Llamando al Rey Juan Carlos I "El Rey Emérito". Que era y ha sido como borrarlo del panteón de los reyes, de la Memoria de España.

El Rey Emérito es, fundamentalmente, un mamarracho. Digo la designación, el nombrarlo de este modo. Incomprensible el que lo hiciera como incomprensibles son otras manipulaciones, otras desviaciones para quitar el nombre a los nombres. Por ejemplo a un alcalde de mi pueblo le costaba un trabajo enorme decir la palabra España. Y a una concejal de su partido estar en donde estuviera la bandera constitucional, que un día llamó "ese trapo".

Venimos coexistiendo con ese mundo difícil que hizo que se hicieran cruces quienes vieron con la total normalidad con la que Santiago Carrillo puso en la reunión del Comité Central del PCE la bandera tricolor, la bandera constitucional. Hoy no sólo no lo hacen sino que ponen para que se vea la bandera de la II República. Pero sí, el Rey Juan Carlos I viene a España. Primero a Sanjenjo y luego a Madrid, en donde se reunirá con el Rey Felipe IV, su hijo, de quien recibió la Corona y la Jefatura del Estado.

A esta hora hay mil cábalas y otras mil historias que no sabemos si serán verdad o son mentiras. Como que no pernoctará en La Zarzuela, que fue su casa casi cuarenta años, porque Pedro Sánchez no lo permite. Y también, entre otras perlas, que lo han dejado venir para erosionar a la Monarquía con el ánimo de que caiga para siempre. Una perla la declaración de la ministra Montero sobre el particular, como suele. Pero puede llevarse la sorpresa de la cantidad de españoles agradecidos a su reinado, en el que pudieron progresar y vivir en paz. Aunque lo que quisieran los impenitentes es que le abriera la puerta y lo dejara en el pasillo, sin invitarlo a entrar en Zarzuela. Como si fuera un mendigo. Ya no sería El Hijo del Emérito sino de El Mendigo, heredero de sus errores y desatinos. Viene El Rey Juan Carlos I y no sabemos lo que le espera.

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