Su propio afán

Enrique Gª-Máiquez

Viejo barrio nuevo

Vasos comunicantes: una casa que por fuera está muy bonita por dentro es mucho mejor

13 de noviembre 2022 - 01:34

Durante 24 años he hecho diariamente el mismo camino al trabajo. Está lleno de emociones. Conduzco por delante de la casa de mi infancia, paso por el cementerio donde mi madre y mis abuelos esperan tranquilamente la resurrección de la carne, cruzo el Guadalete, cruzo el río San Pedro, saludo a los flamencos de las salinas… El camino de vuelta es idéntico, salvo que mejor, si cabe, porque acaba en mi casa y un hogar es el lugar al que se vuelve.

Encima, ahora he sumado una nueva alegría. Están reformando la barriada Los Milagros, que estaba muy abandonada. Y el resultado hace honor a su nombre: la están dejando muy bien. Además del acerado, han pintado los pisos, con dos colores, de almagro y blanco, que guiñan con gracia a la tradición. También están mejorando los portales, canalizando los cables y quizá cubriendo los tendederos. Como paso en coche, rápido, no puedo fijarme con precisión, pero la mejora salta a la vista.

Un cínico podría decir que las casas por dentro seguirán siendo iguales y que el lavado de cara es un gesto de cara a la galería. Qué va. Una casa que por fuera está muy bonita por dentro es mucho mejor. No hay compartimentos estancos. Decía Chesterton que los hogares eran, misteriosamente, más grandes por dentro que por fuera. Es una hermosa paradoja, y además reversible. Lo de fuera acrece más lo de dentro. El vecindario será fácil que se sienta mucho más a gusto en un entorno tan venido arriba. Es el síndrome de las ventanas rotas, pero al revés, perfectamente restauradas. Por tanto, será muchísimo más sencillo cuidar del barrio cuando el barrio está cuidado. Espero que los vecinos tarden en acostumbrarse, pues la rutina todo lo opaca, y espero que sigan satisfechos muchos años. O dicho de otro modo: que al primero que haga una pintada lo correteen.

Al pasar me alegro por los vecinos y también por mi pueblo, que no muestra las mejores vistas en sus entradas a los visitantes, y por los que pasamos cada mañana y volvemos del trabajo. La belleza siempre es una alegría. Pero, como esta es una belleza ganada a pulso y a la contra, también es una esperanza y un mensaje moral. Basta un esfuerzo menor por mejorar la fachada, por cuidar la limpieza, por dar una mano de pintura con buen gusto para que el resultado cale mucho más hondo que la simple superficie. Mi camino al trabajo ha mejorado porque cada mañana recuerdo que hay mucho margen de mejora.

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