Reconozco que soy incapaz de tener un perro. Nada más pensar que hay que recoger la defecación con la bolsita de marras e ir cargando con el bote de agua con detergente hace que no me compense. Los defensores de los animales dirán que me pierdo la compañía de un ser que te demuestra tu lealtad cada día y que no te va a traicionar como los humanos. Hasta ahí todo perfecto pero el momento caca supera todo lo demás. Ver al dueño (no sé si para los animalistas es correcto el término) empezando a sacar la bolsita en pleno acto del perrito mientras que todos los que están alrededor empiezan a mirarlos con cara de pocos amigos por si no recoge el objeto caliente tampoco compensa. Y mira que me lo están poniendo fácil en Cádiz para tener un animal. Los parques caninos empiezan a aparecer por todos lados. El pero no va a ser pero lo del carnet de alimentador de gatos...

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