Vampirizar la historia. Ésta parece ser la jugada de Pedro Sánchez. Al comparar su confusa y poco definida propuesta de gran acuerdo con los llamados Pactos de la Moncloa, el presidente no pretende ser pedagógico, sino aprovecharse del prestigio de la Transición, un periodo de la historia que apenas nadie niega que fuese positivo (los resultados están ahí), pero que evidentemente ha sido sometido a diversas operaciones de cirugía estética en los últimos tiempos. Hoy se dice Transición y los españoles salivan como perros de Pavlov. Son muchos años de mitificación, de construcción de una Edad Dorada a cuya altura nunca estaremos las generaciones posteriores. Sin embargo, uno recurre a su memoria infantil, o a los libros de historia (no a algunas hagiografías), y recuerda los atentados, la crispación social, las traiciones traperas de algunos próceres…. Y el panorama cambia… Aunque es cierto que también aparecen Jarcha, Nadiuska, la conquista de las libertades… En fin, sólo queremos decir que la Transición fue un fenómeno que, como se suele decir, "tuvo sus luces y sus sombras".

Sánchez es consciente de esa idealización de la Transición y pretende alimentarse de su prestigio. ¿Quién será el insensato que se niegue a volver a aquella Arcadia de pantalones de campana y diálogos hasta el amanecer? La jugada es muy vieja, pero limitada, porque -da vergüenza decirlo- estamos en un mundo radicalmente distinto, en el que el problema no es el precio desorbitado del barril de crudo, sino un virus que está a punto de arrastrar al conjunto de la humanidad hacia unos malpaíses de incierta geografía. Sánchez puede seguir apelando a los Pactos de la Moncloa, al Abrazo de Vergara o al Compromiso de Caspe. Da igual. Todo es una hermosa palabrería sacada de los manuales de historia. Él sabe mejor que nadie que difícilmente puede alcanzar grandes acuerdos con la oposición cuando apenas consigue llegar a pactos en el interior del Consejo de Ministros. Los españoles hemos tenido la mala suerte de que el coronavirus nos haya sorprendido con un Ejecutivo bicéfalo que, pese a sus esfuerzos, apenas puede tapar sus disputas internas, como estamos viendo ahora con el culebrón de la renta mínima para familias vulnerables. Lo escribió ayer el maestro Correal, echado a sus años al Twitter más guerrillero: "Como decía mi abuelo Andrés, lo que empieza mal acaba pronto. Espero que la frase sirva para la pandemia y para el Gobierno". Por lo menos, decimos nosotros, que sirva para la esquizofrenia de la autoridad competente.

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