LÍNEA DE FONDO

Diego / Marchán / Dmarchan@grupojoly.com

Unidos por la misma obsesión

El Real Madrid y Mourinho cruzan sus caminos con el objetivo común de acabar con la hegemonía azulgrana

Al final fue el eterno rival el que les unió. Uno, cansado de decepciones, inconforme con su papel de nuevo eterno segundo, buscó al otro como un remedio contra el fracaso perpetuo de un proyecto que tropezaba una y otra vez con la misma piedra. El otro, con el recuerdo fresco de un pasado en el que se sintió despreciado, relegado a mero traductor cuando se sabía mucho más que eso, buscó al primero para demostrarle al enemigo en sus propias narices que valía para mucho más que para eso.

El Real Madrid y José Mourinho ya forman equipo con el Barcelona entre ceja y ceja. Por mucho que quieran negarlo, en el club blanco hay psicosis, obsesión o como se quiera llamar con los de Guardiola. Y es normal: si ya dolió ver al eterno rival ganar seis títulos en un año, ¿qué cara se le queda a uno tras perder una Liga haciendo la barbaridad de 96 puntos? No contentos con eso, tres días después de proclamarse campeones presentan a un nuevo crack como Villa y tienen casi atado a otro bicho como Cesc...

Después de muchos intentos fallidos con técnicos-marionetas, parece que de una vez Florentino y su séquito se han dado cuenta de que necesitan una figura fuerte y con personalidad para el banquillo si quieren volver a ser grandes en Europa. Que ellos están sólo para firmar cheques y sonreír en las fotos. Y José Mourinho encaja en ese perfil, por mucho que se diga que su fútbol es demasiado defensivo, que no es lo que quieren ver los aficionados del Real Madrid. Mentira: los aficionados quieren ver a su equipo ganar y eso es lo que mejor sabe hacer el portugués, adaptándose a lo que tiene. Su Oporto era una maravilla de control y toque sustentado en el genio de Deco; el Chelsea era velocidad pura, y en el Inter hizo bueno aquello de que el fin justifica los medios. Con un poco de allí y un poco de aquí, Mou, si le dejan, puede construir un Madrid que compita dignamente con el mejor Barcelona de todos los tiempos. Y entonces ya no será una carga, una obsesión, sino el mejor rival posible.

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