Gafas de cerca

José Ignacio / Rufino

Tirano de barra

01 de diciembre 2015 - 01:00

EL tirano de barra y restaurante es un espécimen mayormente urbano, y aunque puede también encontrarse en ecosistemas de hostelería rurales, el despotismo que se ejerce en el bar de pueblo suele estar fagocitado: ya lo tienen calado. El tirano de barra suele ir disparando su arsenal de malas maneras y falta de respeto en establecimientos no habituales a camareros desconocidos más que en los conocidos: le dan morbo los establecimientos vírgenes. El desproporcionado ratio bar/habitante de nuestras ciudades, repletas de barrios donde aprovechar el factor sorpresa, permite una inagotable fuente de presas sobre las que ejercer la tiranía de andar por casa que es el rasgo distintivo de nuestro maltratador. Aunque nuestro tirano no siempre "anda por su casa" mortificando. En ese ambiente no depreda, sino más bien al contrario: no pocos tiranuelos habituales son unos mansos en el hogar. Se da así el modelo tirano afuera-tiranizado adentro, y parece plausible concluir que la doma doméstica puede aumentar la propensión a la crueldad en la calle en algunos sujetos con el carácter maleado.

El tirano de bar no necesariamente es un beodo habitual. Pero sí es bastante frecuente que sea alcoholista -como se definía el rockero Silvio- quien goza con el machaque al tabernero, que debe tragar carros y carretas porque tiene asumido que su profesiograma así lo exige. Otra variedad típica es la que podríamos denominar marqués castigador. Se trata de un aristócrata aspiracional, normalmente tieso, que lucha en su atuendo por parecer de buena familia de toda la vida, no siempre con éxito (muy común también es una forma híbrida de estas dos tipologías: la condición de marqués que cursa con un alto aprecio del mollate). Mucho tirano de barra no la ha doblado nunca. Aun en aquellos sujetos que cuentan con rentas, la falta de actividad lleva asociada una sintomatología doble: da mucho altavoz las pocas veces que convida, pero suele ser currador, gorrón avezado, y domina una amplia panoplia de tácticas para no pagar él. Estamos ante un agarrado de manual: cual Jeanette de mostrador, la barra lo ha hecho así. Es habitual entre sus complementos el llamado monedero de tacón: a unas malas, "aquí está lo mío", y suelta todas las monedas de cobre con tacaña parsimonia. (¿Hay tiranas de barra? No son tan comunes. A falta de mayor contraste empírico, la tiranía femenina de barra se concentra en las manías con el formato preferido para el café con leche. Lo cual da para otra columna, vaya si da.)

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