Susto y desasosiego

Queda ruido que soportar, pues, mucho ruido. Y susto y desasosiego de casi todos. De norte a sur

Las élites políticas son como el dinero, en general, muy asustadizas y desasosegadas. Como dependen de otros, no de sí mismas, están al verlas venir, cualquier señal o ruido las inquieta sobremanera. Un rumor hunde la Bolsa, un filtrado descompone una estrategia personal y política. Como ahora esto de VOX, que llenó el otro día una plaza de toros. Se acerca la extrema derecha, ay, ay… Aznar se lamentaba porque dejó una derecha unida y Rajoy se ha ido a la fuerza dejando tres derechas. Son las tres derechas a las que Pablo Iglesias llama la extrema derecha, que suena a Le Pen y a este que puede llegar a la presidencia de Brasil, con millones de votos, por cierto. En su esquema, pues, PP, Cs y VOX son la extrema derecha, el PSOE es el centro y ellos, con Izquierda Unida, son la izquierda pura. Y dura. También esto es la política a nivel conceptual, la simplificación, la verdad a medias, la mentira bien construida. No lo diría si no se hubiera construido un imaginario en el que el prestigio es de la izquierda y todo lo malo, insolidario y negativo se pone en el platillo de la derecha ¿La gente lo compra? Interesantísimas elecciones las que vengan, clarificarán el panorama y pondrán a cada uno en su sitio. En todos los campos. Empezando por la fuerza (electoral) real de VOX, que será la representación del ala derecha de la derecha, por encontrar una geometría de la lógica verbal. Más la incógnita de Ciudadanos tras la llegada de Pablo Casado a un Partido Popular taciturno y corroído por los casos de corrupción venteados incansablemente por cierta prensa y cierta radio y cierta televisión. Queda ruido que soportar, pues, mucho ruido. Y susto y desasosiego de casi todos. De norte a sur. Porque lo que arrojen las urnas, o mejor dicho, con esas representaciones, el Estado tendrá que encontrar la salida al independentismo dentro de la Ley, o cambiar la Ley con los mecanismos que la propia Ley establece para ser cambiada. Intentarlo. Con el añadido de que lo que se afea al gobierno del supremacista Torra podrá imputársele también al de Pedro Sánchez. Ellos están en la secesión y no en el día a día de la política, Sánchez parece que está en el aguantar como sea hasta donde más pueda, es su política. Y luego a ver qué pasa, a ver si todo cambia y el aire le sopla en las velas. Es lo que siempre solía decir Camilo José Cela, que dio nombre a la Universidad de su doctorado: en España el que resiste, gana.

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