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Carmen Calleja

Semejanzas, diferencias...

ESTE último fin de semana le hemos oído a González Pons dos afirmaciones que han quedado sin réplica por los partidos de la oposición, singularmente el mayoritario en ésta, el PSOE. La primera es que es verdad que el PP está aplicando políticas contrarias a su programa electoral. La segunda se refiere a que la situación desesperada por la que pasa España la podría solucionar, el mismo lunes, el BCE.

Con el reconocimiento de que no está aplicando su programa electoral se pretende quedar en tablas con la actuación de Zapatero en las Cortes en mayo de 2010. En aquella ocasión el PSOE se apartó de su programa y seguramente Zapatero debiería haber convocado elecciones generales como alternativa a ello. Pero lo que el PP está haciendo difiere de aquella situación.

El PSOE respondía a una crisis económica sobrevenida a la oferta electoral que había hecho en 2008. Recordemos que las primeras reacciones de todos los líderes mundiales fueron políticas keynnesianas y que se produjo un brusco cambio a la contención del déficit, gobernando ya el PSOE. El PP, sin embargo, se ha presentado a las elecciones con un programa que explícitamente pretendía dar soluciones a una crisis ya bien establecida. Por lo tanto, el abandono de sus propuestas programáticas es un reconocimiento palmario de que no tenían soluciones adecuadas para salir de la crisis... o de que engañaron al electorado ocultando sus verdaderas intenciones.

La apelación al BCE como el culpable del mantenimiento de este estado de terror sobre la ciudadanía es el viejo truco de apelar al enemigo exterior.

Rubalcaba ha dicho en sus apariciones de fin de semana que si él gobernara cogería un avión e iría a hablar con los líderes europeos para convencerles. Seguramente ha dicho más cosas, pero los cortes que nos han ofrecido las televisiones han sido con ese mensaje. Con él estaba ratificando el de González Pons: que la solución está fuera de nuestras fronteras. Me ha sorprendido mucho que no haya apelado a la diferente forma en que puede acometerse la crisis, no pasando necesariamente por el brutal recorte del Estado de bienestar. Sobre todo porque fue Rubalcaba el primer líder occidental que planteó, durante la campaña de 2011, que la salida pasaba no sólo por reducir el déficit sino por incentivar el crecimiento. La gente no quiere saber cómo se haría mejor lo mismo, sino qué otra cosa se puede hacer.

La cuestión no está sólo en el método sino en las políticas. Sáenz de Santamaría ha llegado a decir que las decisiones del último viernes negro no eran cuestión política. Rubalcaba sabe que sí lo son. Y tiene más ideas de las que últimamente se le oyen.

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