Casualidades de la vida. Comienza el concurso de agrupaciones precisamente el día que la Iglesia Católica recuerda a San Nicanor, diácono y mártir. A los más jóvenes ese nombre no les dirá nada, pero los mayores recordarán que Nicanor era la marca de un famoso Valdepeñas que se vendía en las bodegas de la calle Rosario. "No por mucho madrugar, despachan Nicanor más temprano", decían los mollatosos.

Ni la Caleta, ni la Viña, ni el Mentidero. El tinto Nicanor ha sido la verdadera fuente de inspiración de los poetas carnavalescos. Era algo peleón, es cierto, pero cuatro o cinco campanazos hacían que las rimas surgieran veloces y que la música tuviera 'pellizco'.

Me atrevo a decir que desde que el Nicanor cerró sus puertas, el Carnaval alegre y divertido desapareció de nuestras calles. Ya no hay buenas chirigotas, que murieron en beneficio de comparsas tristes y cursilonas.

Con las voces ocurre lo mismo. Desde que no hay Nicanor se canta distinto. Ya no se oyen esas voces valdepeñeras e inimitables, tan típicas de nuestra ciudad. Hoy predominan las voces aflautadas y las insoportables falsetas.

No me gusta dar consejos y menos a la gente carnavalera. Pero si alguien quiere recuperar el Carnaval de Cádiz, que ponga el siguiente cartel en la Asociación de Autores:

"Menos Johnny Walker y más Valdepeñas".

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