Resaca constitucional

Yo entonces tenía 9 años, pero lejos de mí esconderme detrás de un niño,aunque fuese yo mismo

No escribí ningún artículo celebrando el día de la Constitución, pero hoy vengo a recoger los restos de la fiesta. Resulta que los que sostenemos que la Constitución hay que defenderla y, aún diría más, cumplirla, recibimos críticas desde dos ángulos muy distintos, desde el progre y desde el carca, extrañamente coincidentes.

Ambos vienen a recordarnos que en el momento de su negociación y su votación nos opusimos al texto constitucional y que ahora queremos reformarlo. Yo entonces tenía 9 años, pero lejos de mí esconderme detrás de un niño, aunque fuese yo mismo. Asumo que es bastante probable que hubiese votado «no», como hicieron mi padre y mi abuelo. Creo que tuvieron motivos de sobra, que hoy están a la vista de todos y en carne viva.

Quien cree que ese «no» te invalida para exigir que se cumpla la Constitución sabe poco de Derecho, de democracia y hasta de la vida. Lo normal, antes de cerrar un acuerdo público o privado, es que uno no esté conforme con la otra parte. Cualquier negociación implica negación y cualquier transición, transigir. Lo que tiene que obligar muchísimo más a las partes a cumplir, porque lo acordado es fruto de un sacrificio. Es un disparate pensar que, porque se cedió en aras del acuerdo, ahora uno no puede exigir que ese acuerdo se cumpla. Y resulta muy poco democrático privar de legitimidad a quien votó (o hubiese votado) «no» cuando la democracia consiste en aceptar que la norma obliga a todos si se aprueba por mayoría con independencia de cada voto particular. Por esto se debe respetar escrupulosamente el texto acordado, sin voltearlo ni tergiversarlo con interpretaciones creativas (tan destructivas, por ejemplo, como el desaguisado que se hace con el derecho a la vida que tienen literalmente todos).

Esa falta de fe democrática de los progresistas, dispuestos a colarnos un cambio de régimen por la puerta de atrás, no extraña tanto como la falta de espíritu de lucha de los digamos carcas, que, al fin y al cabo, son los míos. ¿No ven que no defender ahora la Constitución supone ceder todavía más terreno? Es como si se negasen a poner sacos terreros ante la riada porque la crecida ya se ha llevado mucho por delante. Para reconstruir, primero hay que sostener lo que se mantiene en pie. Luego, según los cauces de reforma constitucional que la norma tiene previstos, ir arreglando las fisuras, vías de agua y destrozos de la convivencia.

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