Confabulario
Manuel Gregorio González
Un viejo principio
El PSOE ha expulsado a Nicolás Redondo por decir lo mismo –que la amnistía es un disparate legal y político– que decía Pedro Sánchez hace menos de dos meses. El líder no miente, cambia de opinión, y ay de ti como pierdas el paso cambiado y no bailes a su ritmo sincronizado. No hay que quitarle ojo para que no te saque los tuyos. Es todo tan chusco que daría risa si lo viésemos en una película y no en las mujeres y en los hombres en cuyas manos descansa –es un decir– el destino de España. María Jesús Montero, para afear a Alfonso Guerra que tampoco le guste la amnistía, presumió de que, en este PSOE, a diferencia del anterior, el que se mueve sí sale en la foto. Tres días ha durado en la foto Redondo. ¡Qué película!
Denunciar la incoherencia de Sánchez y del PSOE actual es llover sobre el mar. Yo prefiero aplaudir a Nicolás Redondo. No tanto por su postura en contra de la amnistía, porque eso es llover sobre el pantano, quiero decir, que nos viene bien, pero que es muy evidente mi aprobación tanto a su argumentación política y como jurídica.
Quiero aplaudirle particularmente a Redondo que lo hayan revoleado del PSOE. Por el argumento obvio de que un tipo como él ya no pintaba nada en un partido como éste; pero también por el más sutil de que me encanta que, en vez de irse, haya sido expulsado. Es mi método y lo recomiendo.
Irse dando un portazo es siempre de malísima educación. Lo ideal es decir lo que uno piensa con absoluta fidelidad a la propia conciencia y con libertad de expresión. Y cuando te terminen echando, como harán, te levantas y te vas; pero no has sido tú el que se ha puesto la venda antes de la herida. Yo del PSOE no sería ni antes ni ahora ni muerto, pero Nicolás Redondo tiene una tradición y una trayectoria y es normal que haya sido fiel a ellas sin traicionarse a sí mismo. Ahora ya sabemos quién ha traicionado qué y a quién.
Siempre he admirado mucho la respuesta de Simone Weil cuando un inspector de educación fue a expulsarla de su puesto de profesora: “Nunca imaginé otra culminación a mi carrera administrativa”. Pero obsérvese que ella siguió al pie del cañón con sus alumnos hasta el minuto en que fue echada. Es una manera de conciliar la máxima libertad con la máxima fidelidad. El arte está en aguantar (en tu sitio) sin aguantarse (en silencio). Hay que reconocer que a Redondo le ha salido redondo. Está fuera del partido, pero dentro de su integridad.
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