Preocupante

No es lo mismo el dolor del Poder que el dolor de la gente corriente que trabaja y paga impuestos

Si hubieras llegado de un aislamiento, ayuno de noticias, y te dicen que el vicepresidente del Gobierno de España ha amenazado a los periodistas con la cárcel, puede que te volvieras a las cumbres del mundo donde el aire parece una gelatina invisible y sólo el viento trae al oído sus palabras sibilantes. Las penas de prisión están en el Código Penal y en las sentencias de los jueces. Estaba, al parecer. La tentación de lo surgido tras la muerte de Montesquieu, la centralización del Poder en uno de los tres que pensó el filósofo francés, avanza inexorable. Si el Poder designa a los representantes de la soberanía nacional, y a los Jueces y Magistrados, y Fiscales, a través de órganos interpuestos y controlados por el Poder, llegará un momento en el que sólo exista el Poder, que como su nombre indica, lo podrá todo. Escribo en la ciudad que fue cuna del famoso Decreto de la Libertad de Prensa y tengo memoria cierta de los tiempos en los que no se publicaba nada que no tuviera el visto bueno del Poder, a través de oscuros censores, intérpretes últimos del pensamiento del Poder sobre el tamaño de una falda, el escote de una dama o lo que se debía o no debía informar. Por el bien de España, claro. ¿A que parece que eso no pudo haber ocurrido? Pues aún viven viejos periodistas que lo sufrieron cada día y lo sortearon como pudieron, con mil argucias y toda la inteligencia posible. Así que, cuando pensamos que había cosas que no volverían, llega el vicepresidente del gobierno de Pedro Sánchez y se descuelga con la admonición de la cárcel y los periodistas que ubica en una cloaca que no acaba de definir del todo. ¿Respuesta del presidente del gobierno? Ninguna. Además que está muy enojado por el reflejo informativo del catálogo de versiones ofrecido a los españoles por el ministro Ábalos de su reunión, o no, con la número dos de Maduro, la anomalía criminal de Venezuela. Cuando entonces, en los tiempos de los que hablaba antes de los escotes y la altura de la falda, se tenía noticia por las películas, también censuradas por supuesto, de que había un país en el que se citaban las leyes de la prensa libre en los diálogos. Parecía inconcebible. Exactamente como ahora pero al revés. Porque nos parece inconcebible que que amenacen a los periodistas con la cárcel quienes aplauden las declaraciones de ese actor que usted conoce. Duele lo que duele, está claro. Y no es lo mismo el dolor del Poder que el dolor de la gente corriente que trabaja y paga impuestos.

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