Polémicas pasarelas

Las etiquetas políticas producen más tropiezos que las pasarelas de madera de la playa

Que el Ayuntamiento de Cádiz se aprestase a gastar unos dineros con la que está cayendo en hacer un estudio sobre el impacto de género de las pasarelas de madera de la playa de Cádiz ha exportado al resto de España y parte del extranjero el alegre espíritu de nuestros carnavales en la fecha exacta. Se han reído bastante con el número de Kichi.

Yo, como soy de la cuota indígena semi seria y casi sosa, no pensaba entrar al trapo de la chufla, ni voy a hacerlo. Pero he leído un artículo de Rosa Belmonte bien interesante, como suyo, en el que llama la atención sobre el hecho de que las pasarelas de playa sí se merecen un estudio. Son muy incómodas para bajar a la playa con un carrito infantil o en silla de ruedas o es fácil tropezar.

¿Polémica resuelta? Yo diría que no, porque la lección que emana de toda esta chirigota es ahora más interesante. El problema lo han causado las etiquetas políticamente correctas. Han producido la confusión, además de un involuntario micromachismo, tal vez. Si se hubiese dicho que el Ayuntamiento iba a darle una vuelta a la seguridad de las pasarelas y a la accesibilidad para las familias con niños no habría habido tanto jaleo, anda jaleo, ni tendríamos a Kichi cachondeado para arriba y para abajo por las prensas y las redes sociales. Hubiese sido lo más natural del mundo.

Pero le han puesto la etiqueta del género y el impacto y ha sido sin género de dudas un impacto. Además de que da a entender que el sexo tiene algo que ver con los tropiezos en las pasarelas y, encima, que la noble y sacrificada misión de bajar al niño en el carrito o al anciano en la silla de ruedas o al enfermo recae propiamente sobre los hombros o, mejor dicho, los brazos del antiguamente llamado sexo débil y hoy género femenino. Mi experiencia, como padre y también como observador, es que existe una paridad tirando a más los hombres en lo que a bajar carritos y sillas se refiere.

Da que pensar (o debería darlo) que un tema tan de ordinaria administración como un estudio para la mejora de las pasarelas haya montado tamaño follón por culpa de la jerga política. Lo suyo sería aprender y volver a llamar a las cosas por sus nombres, sin adornarnos con las modas ideológicas del progresismo automatizado. Terminan politizándolo todo y, por tanto, polemizándolo. El politiqués produce más impactos y más tropiezos que las celebérrimas pasarelas de madera de la playa de Cádiz.

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