Ahora que uno está a punto de entrar en esa situación propiciada por la edad, en que a la mayoría de la gente le da por pensar si hay otra vida después de la muerte, es hora de comprobar en propias carnes más bien si, como cuentan, hay otra vida antes de la muerte. Me gustaría ser útil a la sociedad. Por ejemplo, no dedicándome sólo a dar de comer a las palomas sino, en un gesto de colaboración con el nuevo ayuntamiento de Cádiz, a darles de comer (ya puestos) pienso esterilizante a tan pacíficas aves. Así al menos distraeríamos dos pájaros de un tiro. Evitaré pasear por la calle en invierno con el chándal de mi equipo favorito lo mismo que nunca tomaré la sombra en un parque en verano con la equipación de la selección española de baloncesto, gorra incluida. No tengo nietos, ni tampoco perro, que pasear, así que estaré abierto, por fin, a las llamadas de los amigos. No es mal plan.

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