Crónica personal
Pilar Cernuda
Pedro Sánchez de rebajas
Leo que el Gobierno está estudiando un cambio radical en la enseñanza de la Lengua, y el titular que informa de ello pone el énfasis en que se dará menos importancia y lugar al análisis sintáctico. Y me cae un velo de preocupación. Yo era un niño de lo más formal, serio y normalito, pero también tenía mis puntos raros. Por ejemplo, me gustaba el análisis sintáctico y en general el estudio de la Lengua Española. Disfrutaba con los ejercicios largos en los que había que desentrañar cuál era la oración principal y cuáles las subordinadas, y dentro de todas ellas dónde se encontraban los verbos y los predicados, cuál era el complemento directo y cuáles los indirectos y los circunstanciales y cómo una oración entera podía ser un sujeto o un objeto… Mucho antes de darle otro significado más carnal, y tal vez como premonición, sacaba ya todo el placer de las oraciones copulativas.
Más tarde comprendí que todo ese vericueto de razonamientos estimulaba y alimentaba la capacidad analítica del cerebro, de aquel cerebro aún tan joven y plástico, de esas cabezas esponjosas de la edad temprana, tanto como un complicado problema matemático o físico, que yo por el contrario odiaba como materias invasoras de mi mundo de letras y sonidos. Luego aún me sigo maravillando de que el ser humano (bueno, algunos, no nos pasemos de optimistas) haya sido capaz de fabricar una estructura tan compleja y armónica, me atrevería a decir perfecta, para comunicar de la mejor manera posible sus ideas, sus odios, sus pasiones y sus fobias.
Dice el Gobierno, o los expertos que promueven este cambio, que el estudio de la sintaxis va en detrimento del aprendizaje de una mejor comunicación y comprensión lectora, y digo yo que cómo es posible que el conocimiento de las resistencias, fuerzas o debilidades de los materiales vaya en contra de la arquitectura o de la ingeniería. ¿A quién se le ocurriría proclamar que la enseñanza del solfeo, la aprensión de la formación de un acorde destruye, obstaculiza o impide componer o simplemente disfrutar del maravilloso don de la música? ¿Cómo se puede leer un texto medianamente rico o complicado si no comprendemos la sintaxis, si no disfrutamos de ella? ¿Cómo hablaremos bien si no aprendemos a hablar? No soy experto docente, pero déjenme hablar como antiguo, gozoso y sí, quizá raro, discente.
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