Confabulario
Manuel Gregorio González
Un viejo principio
CASI sin darnos cuenta, se ha establecido una división maniquea entre los funcionarios y los trabajadores de las empresas públicas en Andalucía. Los primeros son todos estupendos profesionales y han logrado su puesto por méritos incontestables en estrictas oposiciones. Los segundos son todos unos enchufados, que forman una administración paralela que es el oprobio de esta sociedad. Unos apestados. Todos malos en este lado y todos buenos en el otro. La realidad no suele ser tan simple. Esta distorsión acaba generando violencia. Y no sólo la del sindicato de funcionarios que se opone a la reordenación del sector público. En las paredes de las delegaciones de las empresas públicas Egmasa, Tragsa y DAP en Almería han pintado enchufados como un insulto. Hace tres semanas hubo un cruce de insultos allí entre el personal de Egmasa y funcionarios de la Delegación de Medio Ambiente. Y trabajadores de Tragsa hicieron algo parecido en la puerta de la Delegación de Agricultura.
Los trabajadores púbicos se reivindican, como los negros del black power en los 60. Entonces se puso de moda el grito black is beautiful. Lo negro es hermoso. Aquellos fueron años de protesta contra la guerra del Vietnam, de duros enfrentamientos con la policía. En argot la definición de policía era pig, cerdo. Un ingenioso caricaturista de la época pintó una manifestación de policías, que imitaba el grito de guerra del orgullo negro: ¡pig is beautiful!, cerdo es hermoso.
Cuando en 1991 se introdujo en el Tratado de Maastricht, a propuesta española, un fondo de convergencia para ayudar a entrar en la moneda única a los países menos desarrollados, se reinventó el término pigs, como acrónimo de Portugal, Irlanda, Grecia y España (Spain), los países de la cohesión. La broma se olvidó hasta que en septiembre de 2008 la recuperó el diario económico de referencia en Europa, el Financial Times. Con trampa, porque cambiaba a Irlanda por Italia y dirigía sus dardos a los países del sur. Pero con el estado de depresión en el que nos encontramos, nadie se atrevió a entonar eso de "cerdo es maravilloso".
Ahora ha tenido éxito el intento de considerar apestado a todo un colectivo. La inquina se concentra en las empresas públicas de la Junta. Nada se dice de las de ayuntamientos, diputaciones o mancomunidades. Sin embargo, el problema de fondo es otro. Hay 600.000 servidores públicos en Andalucía, todas las administraciones confundidas. Y son demasiados; es posible que no estemos en condiciones de seguir pagando el sueldo a todos. Si adaptásemos a la población andaluza la reducción de 25.000 civil servants de Irlanda o los 500.000 del Reino Unido, nos saldrían unos 60.000. Un recorte del diez por ciento, más de 3.000 millones de euros al año de coste salarial. Ahí está la espada de Damocles que genera división en ese sector.
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