Pedro vs paridad

La paridad no puede ser algo que tengamos que respetar en un sentido y celebrar cuando se la destroza en otro

Al gobierno de Pedro Sánchez nadie le podrá negar el honor de haber dado el golpe de gracia a la paridad. Saltándosela, como tienen que ser todos los saltos, por encima. Probablemente él no tenía la intención de reventarla, sino de sobre representarla, pero la paridad, si es impar, deja de ser paridad. Y eso es lo que pasa en su Gobierno con más mujeres que hombres, y todos estamos tan contentos. "Los laberintos tienen salida por arriba", observó con perspicacia Marechal y los nudos se desatan de un tajo, ejecutó, expeditivo, Alejandro Magno.

Intenciones aparte, al gobierno de Sánchez, pase lo que pase, habremos de agradecerle, como poco, que haya acabado, por la vía de los hechos consumados, con las parihuelas de la paridad. En buena lógica la paridad no va a ser una cosa que tengamos que respetar escrupulosamente en un sentido y celebrar cuando se la destroza en el otro.

La paridad ya es una cosa viejuna. Desacreditada no por esa división binaria, tan rígida y heteropatriarcal -dicen los posmodernos- entre dos sexos, superados -siguen diciendo los posmodernos- por la libre elección de sexo, tendencia y género. Sino desacreditada por el gustazo de un progresista nombrando a los ministros más valiosos sin una contabilidad sexual y resultando que salen más ministras. ¡Muy bien!

De la paridad por ley hay algo que me parece tremendo. ¿No supone un reconocimiento oficial de que el sexo de los funcionarios o políticos tiene un peso fatal en sus actuaciones? Y una vez abierto el melón de los sesgos, ¿por qué el sexo y no otros? Las creencias religiosas o las clases sociales o las afinidades ideológicas o las diversas generaciones o etc.

Alguien ha recuperado un tuit antiguo de Carmen Calvo en que abogaba por una Constitución que consagrase ¡por fin! la igualdad entre el hombre y la mujer. La profesora de Derecho Constitucional (¡!) olvidaba que el axial artículo 14 ya la consagra junto a las demás igualdades: "Los españoles son iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social". Pero quizá no le parece a ella que la igualdad por razón de sexo sea igual a las demás. Eso era (es) la paridad: una igualdad desigual. Volviendo al mérito y olvidando el número, Pedro Sánchez ha dejado expedito el camino de vuelta al art. 14 de la Constitución.

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