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A diestro y siniestro

Pedro Sánchez no se inmuta

Lo echamos de más durante sus charlas interminables y lo echamos de menos ahora que se ha quitado de enmedio

A ver: el Producto Interior Bruto ha caído como nunca desde la guerra civil (¡qué bruto!), se han destruido 622.000 empleos en un año, la tercera oleada del coronavirus que ha venido después de la del verano que no se iba a producir -habíamos derrotado al virus, recuerden- está haciendo estragos, los contagios por habitante se han cuadruplicado en tres meses, el sistema sanitario bordea el colapso... y Pedro Sánchez no se inmuta. Máxima emergencia nacional, y el capitán jugando a las casitas con las elecciones catalanas.

Durante los primeros meses de la pandemia lo echamos de más y ahora lo echamos de menos. De aquellas charlas interminables, con ínfulas épicas y perfectamente vacuas, que acabaron siendo tediosas y patéticas, ha pasado a su actual ausencia de todas las crisis que estamos padeciendo. Le vino de maravilla la exigencia de participación de las comunidades autónomas. Convirtió la cogobernanza solicitada en salvoconducto para su inhibición. Dadme un estado de alarma hasta mayo y quedaros con los problemas de casi tres millones de contagios, ochenta mil muertos, ucis y cepas nuevas.

Sigue parapetándose tras el científico más político de la década, aunque su reputación vaya arrastrándose por los suelos, y seguía escudándose en un responsable político cuyo mayor mérito es que no chilla ni insulta a sus adversarios, hasta que pensó que ese talante de Illa y su sobreexposición mediática le bastará para ganar las elecciones de Cataluña (si creyera de verdad que su gestión en Sanidad ha sido óptima, ¿no sería una irresponsabilidad absoluta privar a España de sus servicios por un interés puramente partidista?).

De modo que Sánchez está afrontando los momentos más graves de su mandato sin dar la cara. Ya apenas habla de la pandemia, como si hubiera delegado el combate en otros. En los presidentes autonómicos con los que ha dejado de encontrarse, en la sustituta de Illa que expresamente confiesa que hará lo mismo que Illa, en las autoridades regionales y locales que no son capaces de garantizar el cumplimiento de las medidas restrictivas, en la Europa que ha de solucionar sus conflictos con las farmacéuticas por el retraso de las vacunas. Y cuando habla es para vender el triunfalismo que le aconseja Iván Redondo y prometer lo que ya se ve imposible: el 70% de población vacunada en verano.

Una curiosidad: ¿de qué se ríe este hombre encantado de haberse conocido?

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