Cuarto de muestras
Carmen Oteo
Tanta hambre
ENTRE los varios Cádiz que podrían pertenecer al Patrimonio Mundial de la Humanidad, uno de los más evidentes es la ciudad colonial con sus fortificaciones y monumentos. Aunque, en verdad, lo colonial es lo de América, que se construyó a semejanza de lo de Cádiz. En la lista de la Unesco hay enclaves americanos parecidos a los gaditanos, mientras que los de aquí no han tenido esa suerte aún. Ahora parece que se está gestando el enésimo intento. El Foro Cádiz 2012 ha presentado la solicitud en el registro de la Consejería de Cultura de la Junta. Supongo que para que lo apoyen con tanto entusiasmo como pusieron con otras ciudades andaluzas. La propuesta ya había sido presentada y aprobada en la Cumbre Iberoamericana de 2012 en Cádiz.
Aparte de la tramitación burocrática, la importancia del Cádiz colonial no está suficientemente reconocida. El conjunto amurallado marítimo incluye los castillos de San Sebastián y Santa Catalina y los baluartes, pero también están ahí templos como la Catedral y el Carmen, que sirvieron de inspiración en América. En la propuesta se compara el conjunto amurallado marítimo de Cádiz con otros, como La Habana en Cuba, o La Valeta en Malta. A los que se podrían añadir otras ciudades, con las que guarda parentescos no menores, y que también están consideradas, como San Juan de Puerto Rico y Cartagena de Indias.
La importancia del Cádiz colonial no es casualidad, sino consecuencia de una ciudad que era estratégica como puerta de América y para la defensa de España. Cada vez que había una guerra o un asedio, aquí se liaba bien. Por tanto, Cádiz y San Fernando eran plazas militares fundamentales para la defensa nacional. De ahí que construyeran castillos, baluartes y cuarteles. No vamos a recordar capítulos básicos de nuestra historia. Simplemente anotar que el urbanismo de la ciudad antigua corresponde a una arquitectura militar defensiva. Y hoy es un vestigio histórico de uno de los principales imperios que hubo en siglos pretéritos.
El reconocimiento de la Unesco ayudaría para el turismo y la cultura, que son el futuro de Cádiz. Pero, si no lo reconocen, peor para ellos. Lo puede ver hasta el más miope. Basta con situarse en el Campo del Sur, en un atardecer; o en la Alameda, en un amanecer, y abrir los ojos: ciudad que podría ser de todos los continentes, o de ninguno. Ahí permanece Cádiz, varada en su historia, como una isla de misterios olvidados.
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