El PSOE como el cangrejo

En el PSOE ocurre que han destrozado el partido para regresar al guirigay que tenían en la Segunda República

El PSOE se está disparatando. Siguen abriendo la caja de las sorpresas. El alcalde de León, José Antonio Díez, se ha autodeterminado y quiere montar una nueva autonomía con las provincias de Salamanca y Zamora, donde no se han pronunciado. Por el contrario, el alcalde socialista de Valladolid, Óscar Puente, se lo recrimina. Crear un sucedáneo del reino de León para separarse de Castilla es la última parida que se les ha ocurrido. En la calle Ferraz guardan silencio ante lo que se les viene encima. Miquel Iceta dice que al PSC le resulta más cómodo pactar con ERC que con el PP y Ciudadanos, mientras Inés Arrimadas y Pablo Casado le piden a los barones del tipo Javier Lambán y Emiliano García Page que intervengan. En Andalucía no se sabe ya si manda Susana o el fantasma de Pedro. El programa del presidente se reduce a gobernar por gobernar, cueste lo que cueste. España ha quedado secuestrada, políticamente hablando.

Como han recordado algunos socialistas que saben sumar, el PSOE no ganó las últimas elecciones. El PSOE fue el partido más votado, que no es lo mismo, pero sin mayoría. Si el PSOE hubiera ganado como lo consiguieron Felipe González o José Luis Rodríguez Zapatero, ya sería presidente Pedro Sánchez, sin necesidad de pactos con Unidas Podemos, ni mucho menos con ERC.

Hay muchas personas (y no todas son de derechas) que piensan que en el PSOE se han vuelto locos. No es eso, no es eso. Ocurre que han destrozado el partido para regresar al guirigay de la Segunda República. Entonces había tres facciones enfrentadas: la de Julián Besteiro (que era socialdemócrata), la de Indalecio Prieto (que era más o menos socialista, según el día) y la de Francisco Largo Caballero (que era un radical y quería hacer la revolución con los comunistas y los anarquistas). El PSOE apoyó y organizó la revolución de Asturias contra la República en 1934 (de lo que Prieto se arrepintió a posteriori). Después Felipe González fue como un Besteiro, cruzado con Willy Brandt, pero a Pedro Sánchez se le está poniendo una cara de Largo Caballero que ya no disimula ni con cirugía estética.

Pedro Sánchez se va adaptando y pactando con quien sea necesario, con tal de conquistar el poder. En esos intereses coincide con Pablo Iglesias, no el fundador del PSOE, sino el de Unidas Podemos. Pedro y Pablo tienen muy claro que sólo les vale el poder. Y ese fin justifica todos los medios.

El PSOE ha vuelto atrás, como el cangrejo, ha olvidado Suresnes y el espíritu del 82, y está recreando un nuevo Frente Popular.

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