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Ojo de pez

Pablo Bujalance

pbujalance@malagahoy.es

Un PSOE andaluz

Fuera de los militantes y de los convencidos, todo parece estar en el PSOE andaluz más o menos donde estaba antes

Cuando, en la anterior campaña electoral para las autonómicas, el PP nos llenó Málaga de pancartas en las que, junto a la sonrisa profidén de Juanma Moreno, se podía leer el lema Un malagueño en la Junta, lo más honesto que podía hacer uno tomárselo a broma: seguramente los sectores más recalcitrantes y chauvinistas de la sociedad malagueña, los que venían dándole al comodín del agravio desde Escuredo, podrían ver al fin satisfechas sus expectativas. Lo mismo cabía decir, quién sabe, de Granada, de Almería o de hasta de Cádiz, que en todas partes cuecen habas. Al final sí que tuvimos a un malagueño en la Junta, y con él a otros cuantos, como Bendodo: y los que ya conocíamos a Bendodo, su tono, su porte y sus maneras, manteníamos ciertas expectativas respecto a lo que dirían de él ahí fuera, por más que desde mucho antes fuese una pieza de peso en el PP andaluz. Ya se sabe que en esto de la política los paladares se acostumbran rápido a los cambios, sobre todo cuando hay cuestiones de verdadera emergencia social que resolver; así que pronto pareció que habían estado ahí desde siempre. Las promesas de descentralización y de redistribución territorial de las consejerías de la Junta quedaron pronto en nada, al igual que algunas otras de calado más que notable, pero a nadie le pilló por sorpresa. Ni mucho menos.

Ahora que el huracán Ayuso amenaza con borrar a Pedro Sánchez y a todo lo que huela a PSOE del hemisferio norte, la esperanza del partido parece estar, vaya por Dios, en el resultado de las primarias andaluzas. Resultaría interesante, sin embargo, comprobar si esa atención cala por igual en la sociedad andaluza en su conjunto, más allá de las estructuras de partido, donde desde hace demasiado tiempo cada una de las mil cartas que se ponen sobre la mesa a diario promete ser la última. En términos de consigna, claro, el duelo entre Espadas y Díaz se recibe como la confrontación entre lo viejo y lo nuevo, la fórmula conocida y el reto por estrenar; pero más allá de las estrategias, en la refriega cotidiana, fuera de los militantes y de los convencidos, todo parece estar en el PSOE andaluz un poco más o menos donde estaba antes: en Sevilla. Supongo que los vecinos de la capital tendrán la misma curiosidad que cundía en Málaga cuando salieron Bendodo y Moreno a la palestra andaluza si finalmente gana Espadas: a ver qué dicen de él ahí fuera. Pero ahí fuera, ay, todo suena a lo mismo de siempre.

Cuidado que igual el PP contraataca y promete un alpujarreño en la Junta. En cuanto al PSOE andaluz, igual lo mejor que podían hacer es fundarlo. De una vez.

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