Oriol, 'el mártir'

Junqueras rompió la legalidad, pero no tiene ningún muerto a sus espaldas. ERC no es como Batasuna

Hay que tener cuidado para no convertir en mártir de Catalunya a Oriol Junqueras. La Justicia debe ser proporcionada, además de imparcial y no sometida a presiones. No se puede aplicar con dureza ni con blandura, sino como debe ser. En base a las leyes, pero también al sentido común. Condenar a Oriol Junqueras a 25 años de cárcel, como pide la Fiscalía, lo convertiría automáticamente en un chivo expiatorio, en una víctima de la causa independentista. Las sentencias deben tener un componente disuasorio, pero no se pueden dictar en plan de escarmiento. Un exceso no sólo rechinará en Cataluña, sino también en casi toda Europa. Por resumir: 25 años de cárcel para Oriol Junqueras sería como abrir una fábrica de independentistas en Cataluña.

Las penas por sedición que ha pedido la Abogacía del Estado han sido criticadas por supuestas influencias de Pedro Sánchez, aunque parecen más proporcionadas. Ya están comparando lo que piden para Junqueras con las sentencias de reputados criminales y violadores mediáticos.

Junqueras rompió la legalidad, pero no tiene ningún muerto a sus espaldas. ERC es un partido que busca la independencia y así lo proclama, pero no es como Batasuna con sus muertos. En las calles catalanas se ha roto la convivencia, y hubo conflictos graves de orden público, pero no salieron los tanques, y la insumisión se controló, en cuanto dijeron "allá vamos" con el 155.

Pero, además, está el personaje. Oriol Junqueras es ese político que iba a arreglar el problema de Cataluña con Soraya Sáenz de Santamaría, cuando Rajoy la envió a Barcelona en misiones negociadoras. No dio resultado, a pesar de que ambos afirmaron que existía un buen rollito personal. Junqueras defendió la causa independentista con fervor. Pero tuvo la dignidad de no huir, a sabiendas de que le esperaba la cárcel. Fue más honesto que Puigdemont, cuya responsabilidad es mayor. Puigdemont huyó como un cobarde, sin afrontar su culpabilidad, dejando tirados a sus compañeros, y convirtiéndose en un rebelde a distancia, que ofende siempre que puede.

Puigdemont de rositas en Bélgica es una vergüenza para España. Ni Rajoy ni Sánchez han podido acabar con ese mamarracho. Pero contribuir al martirologio de Junqueras, aumentará el número de independentistas en Cataluña. No se puede justificar un escarmiento. Tienen razón quienes dicen que no sólo hay que vencer, sino también convencer. Hay que cambiar las mayorías en Cataluña, sin renunciar a la Justicia, y sin crear agravios, que es la excusa ideal para los independentistas.

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