Tribuna Libre

Pablo / Garrido / Sánchez

Opción por el celibato

16 de enero 2013 - 01:00

Cuando se habla del celibato opcional, se entiende por la mayoría que es algo para que los curas se casen. Hay que matizar, y en primer lugar advertir que es equívoco decir "celibato opcional", pues el celibato es en sí mismo una forma de vida que se decide y define con unos perfiles propios y es de carácter permanente, por lo que no es opcional. Lo que debería posibilitarse es la opción por el celibato. Esto sería lo evangélico, lo conveniente y lo ajustado a la verdad del propio hombre. Los que defendemos la posibilidad de que el sacerdocio sea ejercido por sacerdotes casados no tenemos en baja estima el celibato, pero no sucede así en el caso contrario; y se ha convertido la cuestión en un asunto de controversia. Las instancias vaticanas no permiten un debate abierto y de fondo sobre la cuestión del celibato, pues quedarían en evidencia las profundas lagunas de la posición oficial. Qué saludable sería recordar con frecuencia lo de "la verdad os hará libres" (Jn 8, 32 ); pero la gran centralización vaticana de la Iglesia Católica es un impedimento serio. Qué distintas son las palabras del teólogo Joseph Ratzinger sobre las formas eclesiales y la actual posición como Sumo Pontífice. Todos comprendemos, que una cosa es hablar desde la honradez intelectual y otra en el momento de los condicionamientos provocados por el ejercicio del poder y la autoridad. Pero cuánto bien haría a la Iglesia Católica y a todos los fieles en particular una iglesia menos dirigida de forma rígida. Algunos piden más dureza y en el último congreso de canonistas celebrado en Madrid hace pocas semanas, algún miembro destacado del congreso aducía que el rescripto romano que viene como dispensa de celibato no podía quedar al criterio del obispo que recibe tal documento a favor del sacerdote dispensado. El rescripto romano es una gracia eclesial para que el sacerdote solicitante pueda contraer matrimonio canónico, y en este documento se cesa al beneficiario de todas las funciones pastorales anteriores, quedando el obispo de la diócesis facultado para rehabilitar a dicho sacerdote en clases de religión, o en actividades más próximas a la estructura eclesiástica como delegado episcopal de pastoral familiar, o cualquier otra delegación o función. Pues, hay personajes que eso les parece mal. Hay que dar las gracias a los obispos que son valientes, e intentan reintegrar en la acción apostólica a los sacerdotes ahora casados, que un día sirvieron con abnegación y dedicación a la Iglesia.

La doctrina oficial tiene que trasladarse al debate teológico y pastoral para no quedarse en letra muerta. El asunto del celibato no escapa al proceso anterior y las posturas se debaten con más o menos fortuna. El último trabajo que leí ha sido el de Thomas McGovern, sacerdote irlandés, especializado en el tema, y hermético pro celibato. Lo traigo a colación por la defensa que realiza del celibato con afirmaciones más radicales que las del propio magisterio eclesiástico, pero alterando los más mínimos principios de análisis de la Escritura para conducir los argumentos a los objetivos preconcebidos. Llega, este buen señor, a unir de forma indisoluble la ley eclesiástica del celibato con el sacerdocio ministerial, cosa que resulta disparatada desde todos los ámbitos del estudio y de la realidad de las cosas. Afirma este buen señor, para dar contundencia a sus argumentos, pero sin ningún fundamento en la Escritura que los apóstoles casados vivieron en continencia total después de iniciar el seguimiento de JESÚS. Estos y otros argumentos siguen destilándose a grupos eclesiales, feligresías y demás sectores, aunque otros estén en consideraciones distintas, por eso es necesario seguir en el debate y la opinión, sugiriendo a propios y extraños que vayan un poco más allá en el problema. Que la caridad no deje de mover nuestros actos y en algún momento nos encontraremos.

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