EL CATAMARAN

Rafael Navas

Nieves y bienes

¿Qué tiene la nieve que todos los años atrae a miles de curiosos hasta la Sierra sólo para verla de cerca o tocarla? ¿Qué clase de magia hace que miles de personas recorran kilómetros, soporten colas interminables de vehículos y pasen frío por estar junto a lo que no es más que agua congelada? ¿Por qué nos sigue sorprendiendo año tras año como si cada vez que cae fuese la primera vez? Bueno, en el Sur de la provincia siguen llamando la atención hasta las bolas del granizo. Debe ser que los gaditanos, sin saberlo, tenemos algo de tiroleses o genes perdidos de los antepasados de los Fernández Ochoa o, simplemente, que la nieve de los refrescos nunca nos resulta suficiente. Aparecen los primeros copos en cualquier paraje serrano y allí está Ramón Aguilar, siempre ágil y despierto, para que aparezca la primera foto de nieve en el Diario. Y casi al mismo instante comienzan a aparecer 'nevadictos' por allí buscando unos cuantos copos perdidos con los que hacer una bola de nieve. Los más afortunados, si se dan prisa, hasta hacen extraños muñecos con nariz de zanahoria. Una estampa invernal que se precie ha de tener nieve, ese blanco manto que esta semana veíamos desde el muelle de Cádiz en un día despejado, como reclamo para visitantes. Es como si las montañas estuviesen susurrando a las gentes de la Bahía "venid a vernos". Pero con o sin nieve, allí nos espera siempre la Sierra gaditana, a la que no le hacen falta el blanco manto ni pistas de esquí para ser más bella. Sus pueblos blancos son incomparables en invierno y en verano, en primavera y otoño. Este fin de semana la crisis económica va a poner a prueba el puente de la Constitución y la Inmaculada, y al revés. Ver y tocar la nieve, a pesar de todo, siempre será gratis y quizá ahí radique su encanto.

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