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José Mª Morillo / Correo@Josemariamorillo.com

Miguel López Cepero

Desde hace cerca de 50 años lleva atendiendo, entre El Cepo y el Penal, a clientela que se acerca a su venta

30 de mayo 2011 - 01:00

MIGUEL López-Cepero Gallardo, porteño de 80 años, es el patriarca de una familia hostelera de reconocida fama, buen trato y mejor atención gastronómica. Tres hijos y cuatro nietos son la descendencia familiar; del negocio de dar de comer, comen a su vez, además de los clientes, siete familias y los eventuales y extras de la temporada alta.

Desde hace cerca de 50 años, la entonces pequeña venta que Miguel López Cepero regentaba en la carretera de Jerez a Rota, en las inmediaciones de lo que hoy es el complejo presidiario mas grande de Europa, atendía a cuadrillas de Arcos, Bornos y Villamartín que venían a trabajar semanas completas a los campos de la zona. Allí estaba Miguel, quien lo mismo los avituallaba en la venta desde un improvisado ultramarinos en el que también se encontraban repuestos de motos, y que actuaba como barbero o ventero, vocación final de El Cepo.

También daba Miguel portes con las mercancías de los campos cercanos y, en una ocasión, actuó como ambulancia ocasional ante un inminente parto adelantado por un seísmo. Frente a la analogía que muchos establecen sobre el nombre de la popular venta con los presidios próximos, hay que decir que mientras la cárcel solo lleva veintiocho años, El Cepo tiene casi cincuenta. "Ya caímos en el cepo", era la frase que se oía entre las cuadrillas del campo, al finalizar la jornada en el establecimiento de López-Cepero. Y así El Cepo se le quedó.

Hoy podemos ver en sus salones al torero Alejandro Morilla, a los integrantes de la Peña El Pajarito, o policías nacionales y familiares de presos de ETA que vienen a un 'vis a vis'. Si antes fue imprescindible la Venta El Cepo para los habitantes del Pago de La Arrejaná, hoy lo es más en el panorama gastronómico provincial con su comida casera.

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