La firma invitada

Juan Carlos Moreno

Maquiavelismo y sectarismo sindical

18 de noviembre 2010 - 01:00

EL pasado 29 de octubre se perpetró en Sevilla, y ante el clamor de decenas de personas afectadas que se manifestaban a las puertas del lugar de los hechos, la mayor felonía que los sindicatos de clase podrían cometer contra los empleados públicos de la Junta. Tal fue que los líderes firmantes de dichas organizaciones tuvieron que salir por la puerta de atrás del edificio de Torretriana en Sevilla. Todo ello se pergeñó al margen del sindicato más representativo en el ámbito de la función pública como es CSI-F, el cual jamás hubiera pasado por el trágala por el que pasaron los hipersubvencionados sindicatos de clase, de ahí su exclusión en la mesa.

Conviene traer aquí los antecedentes de estos hechos, así como algunas consideraciones morales de tamaña traición. Y es que de muchos es conocido el ambiente crispado que se respira entre los empleados públicos tras la aprobación alevosa del Decreto Ley 5/2010 el pasado verano por la Junta. Dicho Decreto que viene a suponer la colocación y blindaje en la Administración general de la Junta de unos 29.000 trabajadores del sector público de la Junta, ingresados por arte de birli birloque y sin acreditar ningún mérito, sólo por afinidad partidista o vínculo consanguíneo.

Habría que valorar la maniobra de los paniaguados sindicatos en su justa medida, pues la firma del acuerdo del 29 de octubre para consagrar la tropelía del Decreto Ley tiene consecuencias para las organizaciones que no habría que desdeñar. De entrada, van a pasar a ser los sindicatos mayoritarios en la Administración de la Junta con la entrada de los 29.000 "enchufados", fieles y agradecidos por la maniobra gracias a la cual serán empleados públicos con sus suculentos sueldos y parabienes consolidados; y además van a conseguir la laminación de los sindicatos de empleados públicos, reduciéndolos a la mínima expresión representativa con la fusión que se operará en las nuevas unidades electorales que se crean con las agencias.

Todo esto no es nada nuevo en el modus operandi de los sindicatos de clase, acostumbrados a vivir de onerosas subvenciones públicas para los contribuyentes, y con un estatus de representatividad sin legitimidad moral alguna. Y es aquí donde habría que traer las palabras de Nicolás Maquiavelo cuando en el siglo XVI, en sus consejos a Lorenzo de Medici le recomendaba en El Príncipe lo siguiente: "Los hombres son tan simples y unidos a la necesidad, que siempre el que quiera engañar encontrará a quien le permita ser engañado". O sea, que no hay más ciego que el que no quiere ver, y esto lo estamos viviendo a diario en la Junta de Andalucía, estamos constatando el carácter de 'secta' que para algunos tienen UGT y CCOO. Para ello nos tendríamos que remontar a los orígenes de los sindicatos de clase en el movimiento obrero decimonónico. De aquellos a estos sindicatos dista un abismo, pues si la razón de ser de los sindicatos primitivos era la unión en pos de la defensa de los más desfavorecidos trabajadores durante la revolución industrial, la de los actuales sindicatos de clase no es otra que la de mantener sus burocratizadas estructuras gracias a las ayudas de nuestro tuitivo Estado.

Este sindicalismo sectario y tendenciosamente ideologizado, que de forma maníquea trata de discriminar entre buenos y malos y de lavar los cerebros de sus bases no sirve en los primeros años del nuevo milenio, por lo menos en el ámbito de la Administración. A pesar de ello, están constantemente apelando a su condición clasista para enjuagar una sucia maniobra de traición a los empleados públicos que no tiene justificación. Pero claro, cuando hablamos de sectas, dogmas y cuestiones ideológicas es difícil despertar las conciencias críticas de muchas personas.

Es obvio que hay personas que prefieren seguir engañadas para mantener sus privilegios, y dejan de lado toda valoración ética de su conducta, movidas únicamente por un utilitarismo rampante. Si no, no se encontraría otra justificación a su actitud mínimamente razonable. De ahí que haya sindicalistas que aún estén vendiendo las bondades de su organización y se sumen a las reivindicaciones, y manifiesten su oposición al proceder de la Junta, soslayando de manera intencionada o por puro sectarismo que han sido sus organizaciones quienes por intereses espurios nos han metido en este jardín.

Todas estas valoraciones nos llevan a considerar que, y una vez emancipados de Dios, los seres humanos no soportaron el horror vacui que produce el nihilismo y el vértigo existencialista que ello supone, de modo que sustituyeron la religión por la ideología; de ahí que la militancia y la adhesión al marxismo adquiriese carácter de dogma para muchos incluso en el siglo XXI, por ello no son capaces de ver más allá que lo que sus organizaciones le permiten ver y admiten que sus sindicatos acuerden asuntos que van incluso en contra de sus propios intereses.

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